No me queda la menor duda de que el gobierno de Gustavo Petro está vivió
y coleando y además actuando, pese a los agoreros que hace una semana preveían
lo peor y auguraban el fin o, en el mejor de los casos, un lánguido trasegar
con las manos atadas en todo el largo periodo que le resta.
Los problemas creados por miembros de su familia son serios y las
investigaciones deberían darse prisa para establecer la verdad y castigar a
quien lo merezca. Resulta paradójico que los mayores problemas se los creen integrantes
de su círculo cercano y no la pálida oposición, limitada a insultar, gritar y
descalificar.
Ha habido debates, por ejemplo, contra la ministra de Minas y Energía,
Irene Vélez y ella allá, saliéndose -hasta ahora- con la suya. Y hasta ataques temerarios
de la misma institucionalidad, como la Procuraduría General de la Nación.
El gobierno Petro sigue pese a todo eso y a la Alianza Nacional de
Medios contra Petro, alianza que estoy convencido debe existir así sea de
manera implícita, la cual no desmaya en difundir informaciones falsas o con una
interpretación tan amañada de la realidad que resultan casi inverosímiles para
quien se detenga a analizarlas.
La economía no va mal, así le haya tocado lidiar con el incierto
escenario internacional que afecta la inflación, aunque tampoco cede el
desempleo, cosa curiosa, contrario a lo que sucede en Estados Unidos (aunque
tal vez por poco si siguen en aumento las tasas).
Sí, es un estilo diferente. Lo muestran solo dos ejemplos: la cercanía
de diversas decisiones con las personas menos pudientes, con el ciudadano de a
pie; y la manera como la fuerza pública no se va lanza en ristre contra quienes
hacen paros o protestas, como fue común en el gobierno Duque con la gran
cantidad de muertos que hubo a manos de los agentes del Estado.
Claro, este es uno de los asuntos a aclarar: cómo no dar sensación de
debilidad ni generar inseguridad en determinados tipos de actuaciones.
Y sí, hay otros asuntos que me generan dudas, como la posición frente a
los cultivos de coca, que parece van en crecimiento (si bien se sigue
persiguiendo la cocaína) y pienso que el despido de las ministras de Cultura y
Deportes debió darse en otro escenario, no el relacionado con la salud
(independiente de las actuaciones de María Isabel Urrutia posteriores al
despido).
Lo he expresado acá, la reforma a la salud no me cuadra del todo. No
creo que sea necesario empezar de cero y mientras le abono la intención de que
prime la prevención, creo que el Estado no tiene la capacidad para manejar solo
el sistema, capacidad que, es cierto, debe comenzar a generar poco a poco con
la ayuda de las organizaciones civiles, ciudadanos, funcionarios y empresa
privada. Hoy no lo creo capaz.
Pero Petro sí está mostrando capacidad de gobierno. Su transición
energética va ahí, consolidándose cada vez más, con los excelentes resultados
de Ecopetrol, las reservas probadas de petróleo y las aseveraciones de expertos
de que el crudo colombiano no será muy apetecido la próxima década.
Para júbilo de la oposición y de los medios, se presentaron los líos con
su hijo y su hermano. No acabaron con un gobierno que se sigue consolidando,
que aún genera algunas incertidumbres, mas sin lugar a dudas sigue siendo la
esperanza de millones de colombianos siempre ignorados y muchos otros que creemos
que el cambio es necesario y sano.
Serenidad y aplomo para continuar con el programa de gobierno y
enfrentar los ataques que de manera continua vendrán.
Ninguna crisis.
Maullido: lamentable que para la Corte Constitucional la vida sea
embargable.

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