Elitista, clasista, racista, antiderechos y defensora de los poderosos, esa es en verdad Paloma Valencia, quien ahora busca incautos que crean que cambió. Foto Wikipedia Commons Por más que su nombre lo sugiera, Paloma no es una mansa paloma. Es un lobo feroz, que hoy representa todo lo que el país no quiere, eso que ha ido dejando de lado: violencia política, racismo, desconocimiento de derechos, favorecimiento de los poderosos. Quiso, en su discurso de victoria en la consulta que le fue favorable con indiscutida supremacía, retratarse como una mujer centrada y de centro, afín al diálogo y a las buenas maneras políticas, pero no, Paloma Valencia no es eso: ha sido durante toda su carrera política una acérrima defensora de Álvaro Uribe, de todo lo que este representa e hizo en sus gobiernos y por fuera de ellos, de lo que pregona su líder, que ha comparado con casi un dios en arrebatos cercanos a la locura adoración. Ahora, con su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Uribist...
La jornada electoral del domingo es la demostración de fuerzas regionales para la repartición de los poderes locales. Foto Senado En Colombia se viven las paradojas más extrañas e inverosímiles posibles, como es el caso de las elecciones para Congreso. Lo que es una manifestación clara de democracia es la vez una muestra contundente de antidemocracia por la forma como se lleva el proceso y los resultados que se derivan. Las elecciones para Congreso, como sucede en las de Asambleas y Concejos, son un botín para políticos y caciques regionales, no pocas veces asociados a las mismas familias que se han repartido el poder durante décadas. Cada cuatro años se despiertan para no perder la oportunidad, como hemos comenzado a verlo. Ya ni recato guardan. Son la antítesis de la democracia: compra de votos, clientelismo y corrupción, situaciones que en artículos y ensayos ha analizado de manera repetida el nobel de Economía 2024, James Robinson, muy allegado a nuestro país. Bien decí...