A la humillación de ser tratados como personas de la peor calaña en la frontera con México, los migrantes a Estados Unidos añaden ahora el sufrimiento de estar escondiéndose como delincuentes. Foto Picryl Creerse enviado divino para justificar sus actuaciones rebasa la copa de las sandeces que ha expresado el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Según sus palabras, su Dios lo salvó del atentado porque lo tiene para cosas grandes, cuando todo se debió a la mala puntería de un criminal. Es muy dado en los políticos que acuden a la religión a conveniencia pensar que están siguiendo un mandado divino. Pero ¿qué tipo de Dios entonces es el que salvó a Trump para que hiciera cosas grandes? Hasta ahora esas cosas grandes a las que lo destinó la deidad es perseguir sin tregua a millones de humanos que llegaron a Estados Unidos por necesidad, huyendo de la violencia y del hambre en sus lugares de origen. Migraciones alentadas por la indiferencia de los países ...
Opiniones libres que a algunos molestan