Los mensajes en las calles son un recorderis no solo de la violencia, sino de que hay muchas personas luchando por la verdad y por la paz. Imagen en la carrera 80, Medellín. Foto Wikipedia Commons No le ha salido bien al alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, más conocido con el remoquete Fico, eso de andar en contra de las expresiones que buscan plasmar en murales el dolor y la indignación por crímenes de Estado, para que sirvan de memoria colorida de esos execrables acontecimientos. Para él, eso no vale. Se tomó el atrevimiento de sugerir que es quien decide qué se puede pintar en los muros de Medellín, rechazando de modo tajante que se plasmen mensajes alusivos a esa violencia que ha golpeado a tantos sectores. Aunque exista un Acuerdo que reglamente el arte urbano, del cual se vale, este se rige por la idiosincrasia de la gente de bien paisa: que no contenga ningún mensaje que los disturbe, que les fastidie el tránsito cómodo por la urbe, tal como les molestan los pobre...
Opiniones libres que a algunos molestan