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Contra la expresión fascista del alcalde de Medellín

 

Los mensajes en las calles son un recorderis no solo de la violencia, sino de que hay muchas personas luchando por la verdad y por la paz. Imagen en la carrera 80, Medellín. Foto Wikipedia Commons


No le ha salido bien al alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, más conocido con el remoquete Fico, eso de andar en contra de las expresiones que buscan plasmar en murales el dolor y la indignación por crímenes de Estado, para que sirvan de memoria colorida de esos execrables acontecimientos.

Para él, eso no vale. Se tomó el atrevimiento de sugerir que es quien decide qué se puede pintar en los muros de Medellín, rechazando de modo tajante que se plasmen mensajes alusivos a esa violencia que ha golpeado a tantos sectores.

Aunque exista un Acuerdo que reglamente el arte urbano, del cual se vale, este se rige por la idiosincrasia de la gente de bien paisa: que no contenga ningún mensaje que los disturbe, que les fastidie el tránsito cómodo por la urbe, tal como les molestan los pobres en los semáforos, los indígenas en los andenes, los tugurios que muestra el metro en varias de sus líneas. Que se pinten solo pajaritos, arbolitos y ballenas.

Pero hay normas superiores que hablan de la importancia y el derecho a expresar, de manifestar en el arte el dolor que ha generado la violencia.

Fico revictimiza impidiendo que se exprese ese dolor, esa expresión artística que es memoria viva de los distintos hechos que han marcado a millones de colombianos.

Su actuación ha generado con razón el rechazo de ciudadanía y de organismos y defensores de derechos humanos, políticos y algunos medios.

Las órdenes de borrar los murales son de típico corte fascista, queriéndose imponer solo un punto de vista y eliminando el disenso. Desconoce además que no se puede uniformar a toda la ciudadanía y pretender que en todos los sectores actúe solo como quiere el alcalde.

Claro que lo de La Escombrera le debe doler mucho a Fico (y a otros alcaldes que ignoraron el dolor de cientos de madres y familias), pues aparte de que negó que existieran cuerpos enterrados ese sitio se activó durante la criminal Operación Orión ordenada por su mentor Álvaro Uribe Vélez. Las cuchas tienen razón le debe retumbar en el cerebro. Pero es que no es el único hecho que ha merecido un mural. Recordemos que ‘Nos están matando’ también partió del dolor por el asesinato de líderes y de los jóvenes que participaron en las protestas contra la reforma tributaria de Iván Duque. Le molesta tanto que más de un mes después del hallazgo de los primeros restos no se ha pronunciado como debería ser su obligación como primera autoridad municipal.

 Consideremos también que en Medellín en aquella protesta salieron decenas de miles a las calles. Desde su puesto de mando unificado, Fico, entonces también alcalde, declaró a los medios que habían participado máximo unas 20 000 personas. Mediciones con programas especiales, como la de El Espectador, mostraron que habían sido al menos 300 000 personas.

Sí, lo de Fico no son las expresiones populares, esas que se le salen del molde de la gente bien a la que pertenece.

El llamado es a los colectivos de artistas, jóvenes y ciudadanos a persistir en ese arte que no deja olvidar a cientos de víctimas inocentes de esta violencia tan terrible que padecemos. Y sí, no solo son la Operación Orión y La Escombrera, hay muchos hechos atroces no merecen el olvido, cometidos por otros actores, como las Farc, los paramilitares y las fuerzas del Estado (¡nada menos que los 6402 falsos positivos!) y que bien podrían quedar en las calles como una manera de que no se olvide la historia y recorderis para que no se repita.

Así que adelante. No puede imponerse la arbitrariedad de un funcionario que solo reconoce una parte de la verdad. Bien lo explicó Henri Thoreau en La desobediencia civil: cuando las leyes atentan contra las personas, es válido su desconocimiento.

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