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Colombia se hace inmanejable

Patrullaje en el río Putumayo. El Ejército no ha podido conmtrolar la expansión de grupos ilegales. Foto Wikipedia Commons


Para muchos de los millones que vivimos en las grandes ciudades, el mundo se reduce a ellas, una radiografía del olvido eterno en el que han estado sumidas las demás regiones. La periferia, como mal se llama.

No se alcanza a vislumbrar la magnitud de las numerosas tragedias en más de medio país, abandonado a su suerte y copado por diferentes fuerzas delincuenciales que dominan.

La muestra más reciente es el paro armado ordenado por el Clan del Golfo. Se afectó la vida en 11 departamentos, incluidas varias capitales, hubo 24 homicidios y 309 hechos de violencia en 178 municipios. Un despliegue criminal que no contrarrestaron las fuerzas militares por negligencia, desidia o connivencia con algunos de esos actores armados.

Este solo hecho asusta. Entonces viene a la mente el reciente artículo de New York Times relatando la violencia en el país, en el que queda sugerido que nos podemos convertir en un México, donde existe un Estado paralelo a cargo del narcotráfico.

Mueve este grandes economías ilegales y sostiene máquinas de guerra en diferentes regiones, arrasando territorios y ciudadanos con actividades adicionales como la minería, la extensión de la frontera agropecuaria y la deforestación.

Por donde se mire, inmensas regiones no tienen Estado. En ellas las leyes son otras, los que mandan no son elegidos popularmente. Y no siempre son lugares más alejados de la gran ciudad. Un informe de Corpades y el portal de noticias Análisis Urbano reveló cómo en el Oriente Cercano a Medellín, operan decenas de bandas en cada uno de los municipios: “la presencia de las AGC, Clan Isaza, los llamados “Urbanos” en otras palabras, la llegada de organizaciones del crimen urbano como la Oficina del Valle de Aburrá, conocida como la Oficina de Envigado, además del accionar de grupos urbano-rurales como Los Pamplona, Los Triana, El Mesa y otros grupos ilegales…”

La reciente matanza de civiles en Alto Remanso, Putumayo, en la que el Ejército supuestamente iba tras cabecilla de los Comandos Bolivarianos de Frontera, redescubrió la terrible guerra entre varios grupos armados, como los Comandos contra el frente Carolina Ramírez de Farc-Ep, de acuerdo con el portal A la Orilla del Río, además de grupos paramilitares.

Tal es la ausencia de Estado que esos comandos, dijeron sus voceros a ese medio, tienen cerca de 1000 hombres, a cada uno de los cuales pagan $2 millones mensuales si son rasos y $5 millones a los comandantes, dinero producto del cobro a los cocaleros, pues sostienen que no secuestran ni extorsionan.

Si miramos lo que sucede en la Amazonia, donde en febrero hubo más de 1000 incendios que arrasaron 86 000 hectáreas, es señal clara del proceso de conversión de la selva en potreros y en nuevas tierras para gentes del interior con mucho dinero. Una actividad que no ha controlado el gobierno, cuya fuerza de choque para este fenómeno captura casi siempre campesinos que no son los grandes causantes de la tala.

Por los cuatro costados hay actores que en la práctica se han convertido en un ‘ParaEstado’, al que las autoridades legales enfrentan desde hace años solo con envío de una fuerza pública que ha sido poco efectiva y que termina con frecuencia en armonía con uno o varios de los actores armados.

Una Colombia cada vez más invivible y manejable.

Maullido: el presidente Duque no ceja en su empeño de influir en las elecciones.

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