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El cínico

 

La represión a quienes protestaron en Colombia fue la respuesta de Duque a los reclamos de la gente. Foto Wikipedia Commons


¿Qué mejor palabra define a Iván Duque como presidente que cínico?

El triste fin de un presidente que exhibió superioridad moral sobre la gente del común, que siempre estuvo del lado del corrupto y de quien atropelló los derechos de los demás.

Hay muchas palabras para definir a Duque, pero qué bien le queda eso de un ser cínico e indiferente a la suerte de su pueblo, una persona clasista que solo gobernó para los suyos y los pudientes. Prepotente frente al reclamo ciudadano y de sus opositores. Alguien, en últimas, despreciable como gobernante, quien quiso fungir de ‘macho, macho’.

Son muchos los episodios que se pueden recordar donde su intervención hizo más daño que bien. Como en el ataque indiscriminado de la fuerza pública en Alto Remanso (Putumayo), o su presencia vestido de policía tras las flagrantes violaciones de este cuerpo a los derechos humanos durante las protestas del año pasado (provocadas por una reforma tributaria que con cinismo defendió) o ahora que niega cualquier desviación de los dineros para la paz mientras a día avanzan las denuncias muy bien documentadas de los periodistas.

Cínico además llevando a los organismos de control a sus amigos y tratando de controvertir propuestas de un candidato a la Presidencia y luego ya como elegido.

Cínico amante de los viajes, acrecentados este año cuando con el Sol a cuestas desesperado buscó trabajo en organismos internacionales, aunque parece que nadie lo quiere pues dijo que se quedará en su Polombia. (Recordemos que hasta su copartidaria María Fernanda Cabal afirmó que ‘ese gordo marica’ se la pasa viajando).

En estos meses finales casi que no pasa semana sin una salida internacional, mientras se desentiende de lo que sucede en las regiones de su país.

No solo no investigó aberrantes casos cuando se lo pidieron todos sino que entró en defensa férrea de los acusados, no solo tratando de tapar la realidad sino para demostrar una superioridad moral que siempre creyó tener.

Aterra, pero no sorprende luego de conocer su accionar durante los pasados cuatro años, cómo afirma que no hubo desviación de dineros para la paz. Para él, todo está perfecto, hecho que concuerda con tal vez el único programa exitoso de su gestión: atacar el proceso de paz.

Cada que se le cuestiona, con cinismo dice que protege a los firmantes del acuerdo, pero cada semana hay nuevos miembros de las antiguas Farc asesinados. Van más de 330 asesinados sin que se haga mucho por evitarlo.

Cínico para callar ante las revelaciones sobre el congresista rey de la corrupción, Mario Castaño, tal vez por intereses familiares.

Cínico para apresurar la permanencia irregular de la Junta de Ecopetrol hasta mucho más allá de terminar mandato, con claros intereses en favor de terceros y para hacer valer su propuesta petrolera.

Cínico para llamar al presidente electo a solucionar la abrumadora devaluación de nuestra moneda, mientras permite que el gasto público aumente de manera alarmante como premio a funcionarios que hacen su agosto dejando la caja descuadrada para el próximo gobierno.

Maullido: otro que se dedicó a viajar y olvidar sus obligaciones es Quintero Calle.

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