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No se puede fallar

 

Gustavo Petro. Foto Wikipedia

Sí, inquieta el nuevo gobierno de Gustavo Petro y Francia Márquez. No por lo que son y representan; no porque no sean quienes con sobrados méritos y claridad excelsa expusieron las ideas progresistas que abrazaron y expresaron en las urnas millones de colombianos.

No. Inquieta que no se cumplan las expectativas, no por incapacidad sino porque son tantas las necesidades y tanta la población urgida de atención que en algún momento algunos se puedan sentir abandonados u olvidados de nuevo.

La pobreza agobia. Son más de 21 millones de colombianos pobres y unos 10 más que viven con angustia el día a día por la posibilidad de caer más bajo en su capacidad económica.

Es inmensa esa otra Colombia ignorada desde siempre, la que merece atención prioritaria en casi todos los frentes. Es sentida la desprotección de millones de campesinos acorralados por las alzas de insumos, las importaciones masivas de alimentos, la intermediación, la escasez de recursos y la falta de tierra.

No menos sentida es la necesidad de tener seguridad en todo el territorio, asolado por bandas y narcotraficantes de toda clase y por una guerrilla anclada en la década de 1960. Y urge defender la vida de líderes y de miles de excombatientes a los que el gobierno que termina les falló dándoles un portazo en el rostro.

Resulta inquietante la velocidad a la que el país pierde selvas y los recursos que hay en ellas, mientras avanza el acaparamiento de tierras y la potrerización de lo que fueran bosques, agravando las ya severas afectaciones por el cambio climático.

Y podríamos seguir con las oportunidades que esperan los jóvenes, la dignificación del trabajo, el desbarajuste financiero y de atención en la salud, la elevada deserción estudiantil y mucho más.

Todo para decir que son tantos frentes que el nuevo gobierno tendrá que trabajar con la precisión extrema del médico en la sala de cirugía para acertar en las prioridades y no generar más frustraciones.

Mucho de lo que se requiere necesita dinero, escaso porque el gobierno de Iván Duque exageró en el gasto, por incompetencia y para no dejarle nada al primer gobierno de izquierda. Ahí habrá que tener sumo cuidado para no malgastar y atender las necesidades más sentidas.

Pero mucho dependerá también del legislativo. Tiene el Congreso con las mayorías del lado de Petro un papel trascendental para el futuro de millones de personas y para ordenar la casa en múltiples frentes. Y ahí no se pueden permitir las mañas que tanto se han criticado, la corrupción galopante y descarada, ni actuar, como ha sido costumbre, contra el bienestar general de la población.

Si se fracasa o no se llenan expectativas, tal vez la izquierda demore de nuevo muchos años en volver al poder.

Eso lo saben la derecha y la extrema derecha que representa el uribismo y el Centro Democrático, que desde ya hacen oposición hostil basada en parte en mentiras e interpretaciones erradas de afirmaciones y programas del nuevo gobierno. Así seguirán los próximos cuatro años.

Basta mirar en redes sociales la desmesurada intervención de las uribistas de la primera línea, como María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Margarita Restrepo. No desmayan en generar mal ambiente y, así, captar desinformados o mantener vivas esas fuerzas uribistas tan venidas a menos en los últimos dos años cuando menos.

Tenemos la esperanza y confiamos que el gobierno de Petro sí será el de la verdadera revolución de las oportunidades para esos millones de nadies que nunca han sido el centro de atención de los gobiernos y para mejorar las condiciones de vida para la generalidad de colombianos. Un gobierno que hemos estado esperando con ansias.

Maullido: ya la gran prensa se alineó contra Petro.

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