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El sagrado derecho a no hacer nada

 

El éxito puede medirse por los descansos tomados. Foto Wikipedia Commons


Trabajar, trabajar y trabajar, como repetía el expresidente Uribe, única manera de mirar y vivir la vida no tiene razón de ser. Es parte del fracaso de millones de individuos medido en enfermedad, frustración y muerte.

Produzca, produzca, al punto de que vemos el tiempo libre casi como un pecado, como una ofensa a los demás.

Tenemos derecho al descanso. El descanso no es vagancia. Es salud. Es vida. Y de eso da fe Tricia Hersey, la obispa de la siesta, como se autonombró, ahora una experta en el descanso y en promoverlo como una forma revolucionaria de resistirse a la obsesión con la productividad.

En un artículo en New York Times, la obispa relató cómo se estaba matando al estudiar, criar una hija, tomar tres autobuses y un tren para cumplir con su posgrado. No le quedaba tiempo de nada. Resultado: sus notas rebajaron y así lo hizo su salud. Hasta que un día mientras leía se durmió y cayó de sus manos el libro que tenía, sintió que despertaba renovada. Y al carajo todo. Estaba harta de la rutina y entonces dormía para despejar la mente, tomaba una siesta y no sentía remordimiento.

Fue la forma como surgió el Ministerio de la Siesta y ella su obispa, que se ha dedicado a dar charlas y motivar a miles a que descansen. A que utilicen el tiempo para dormir en vez de emplearlo en trabajo adicional, a pasar el rato mirando la nada en vez de una pantalla, a reflexionar sobre nuestras necesidades en vez de preocuparse por decepcionar a los demás. “Se trata de negarse colectivamente a exigirse demasiado”.

La siguen miles, en sus conferencias y en sus redes sociales. En las reuniones convoca con frases fuertes pero directas y amables. “¿No están aburridos de trabajar todo el tiempo?”

En su libro Rest Is Resistance: A Manifesto, expresa que “La cultura del trajín diario ha normalizado el hecho de presionar a nuestro cuerpo hasta el borde de la destrucción”. Peor: “Se nos elogia y recompensa por ignorar la necesidad de nuestro cuerpo de descansar, cuidarse y repararse”

Ella es negra y sabe cómo han explotado a sus semejantes. Al leer libros de testimonios de esclavos sobre los ‘brutales orígenes del capitalismo estadounidense (ese que nos han transmitido para copiar fielmente, paréntesis mío), se dio cuenta de que, dice el diario, trabajar hasta la extenuación formaba parte de su herencia, transmitida por antepasados lejanos y recientes.

Y así, expresa que juzga su éxito por la cantidad de siestas que ha hecho a la semana y cuántas veces le ha dicho a alguien que no, cuántos límites ha respetado. “Para mí, eso es justicia, es liberación, eso es libertad”.

(Hace unos años escribí un artículo sobre la necesidad de no matarse en el trabajo, y varias personas me escribieron diciendo que estaba fomentando la vagancia, la pereza. A tal punto hemos entronizado que la vida es solo para trabajar que peleamos con el derecho a descansar.

Al mirar la prensa y seminarios y conferencias sobre asuntos económicos, todos rezan sobre productividad, cómo producir más, cómo obtener más dinero, cómo aprovechar el tiempo para trabajar más. Sí, esa es la realidad.

Y entonces en las empresas se ve bien al que extiende su jornada (no lo recompensan por eso) y es el buen trabajador, el ejemplo para todos. Y si enferma o despiden a alguien, los demás deben cumplir sus funciones. Y todos tan tranquilos.

Trabajar, trabajar, trabajar. No. Esa no es la vida. Esa es una manera de llegar más rápido a la inevitable cita con la muerte.

Por eso, como la obispa Hersey, tómese un tiempo para relajarse. Sí, hay que tener dinero para pagar las cuentas y comprar alimentos, es difícil desprenderse de la rutina de ser productivos a toda hora, pero lo pagará su cuerpo y, además, se le olvidará de vivir.

A juzgar el éxito como lo hace la obispa de la siesta. Es hora del evangelio del descanso, del sagrado derecho a no hacer nada.

Maullido: época dura esta para los contratistas por servicios: sin prima, sin derecho a vacaciones y temor a la no renovación.

 

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