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Todos contra Petro

 

Campesinos han comenzado a recibir tierras para ponerlas a producir. Foto Pxfuel


La extrema derecha y la derecha no aceptan que alguien distinto ocupe el poder. En el pasado lo impidieron algunos de ellos asesinando a candidatos presidenciales. Hoy la forma es distinta pero el objetivo es el mismo: impedir que gobierne, y para ello se valen de lo que sea.

Han incluso aprovechado que los órganos de control están en su poder para atacar por todos lados al presidente, incluso en temas que no les incumben. Fiscal Francisco Barbosa y procuradora Margarita Cabello opinan de temas que no son de su resorte directo, generando malestar.

La prensa, cuyos dueños son potentados empresarios, se ha sumado y no como mandan los cánones del buen periodismo, haciendo trinchera desde las secciones de opinión, sino desde la propia información: tergiversando, con deducciones descabelladas, malinterpretando y omitiendo las informaciones positivas, aparte de ocultar las fuentes.

Es un ataque por todos los flancos. En el país no hay condiciones para un golpe de Estado y aunque lo propusieron muchos uribistas y opositores en los primeros meses, han optado por un golpe de Estado blando, como lo llaman, para impedir gobernar.

Una cosa son las grandes reformas que ha presentado el gobierno, las que, pese al desbordado y equivocado optimismo de congresistas del Pacto Histórico, deben someterse a las fuerzas democráticas en el Congreso, sabido es que ninguna sale como entró: ni en salud, ni en lo laboral ni en lo pensional, pues es parte de la democracia, y otra cosa es la mala leche con la que se juzgan anuncios diversos del gobierno.

Caso aparte es el de la vicepresidenta Francia Márquez, a quien no le perdonan ser negra y haber surgido de la pobreza. Es el racismo en todo su furor contra ella, incluso de miembros del Congreso. Y actuaciones por las que recibe toda clase de improperios, fueron permitidas a otros funcionarios en gobiernos pasados, en contundente demostración de racismo.

Lo que sucede lo había vivido Petro a escala pequeña cuando fue alcalde de Bogotá. Entonces los medios se dieron a la tarea de crearle mala imagen, de desprestigiarlo, de negar lo bien que hizo y eso caló entre la gente.

Pese a todo, el gobierno sigue adelante. Sí, las reformas deben ser discutidas y de pronto sufren más recortes de lo que espera el gobierno, pero se trabaja en muchos otros frentes: la legalización de tierras para campesinos, cifras históricas en el decomiso de cocaína, impulso a la transición energética (que va más firme de lo que sostienen detractores de la ministra Irene Vélez), los lineamientos para algunos distritos mineros, para citar algunos.

Claro, otro tema de discusiones álgidas es el de la paz total, sobre el cual hay muy diversas opiniones y es lo natural para un asunto tan ambicioso, además de las contradicciones propias en el gobierno, mas acá también ha habido inventos de la prensa que han generado mucho ruido y esa es la idea de los opositores.

Es este el panorama: no dejar gobernar. La oposición no se resigna a haber perdido el poder e intentar recuperarlo por medios leales (difícil en política) o con base en propuestas. Pero no, se ha centrado en descalificar de cualquier manera y en eso también se apoya en las redes sociales, inundadas cada día con mensajes nefastos y desproporcionados sobre nuestro futuro, una tragedia que no ven en el exterior, como se percibe en declaraciones y mensajes de diferentes líderes y expertos.

Fastidia tanta mentira, tanta falsedad de quienes se consideran los llamados a dirigir al país. Y preocupa.

Maullido: en lo ambiental, Medellín ha retrocedido cuatro años.

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