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Hay un golpe blando en marcha

 

La reforma agraria comenzó. Muchas familias han recibido tierras. Un logro que ignoran políticos opositores y la prensa tradicional. Acá, campesino en Filandia (Quindío). Foto Pixabay


¿Qué pasa que el país no va mal, pero quieren hacer ver que estamos en uno de los peores momentos de nuestra historia?

La economía marcha mejor que el año pasado. El desempleo bajó al 10 %, 2.1 % menos que abril de 2022; la inversión extranjera aumentó 25 % en el primer trimestre; la informalidad se pudo reducir de manera ínfima, 0.6 %, pero algo es algo; y la inflación, que ha galopado durante largos meses comenzó a contraerse y bajó a 12.28 % a marzo, más de un punto por debajo de marzo.

Por petición del gobierno grandes cadenas de almacenes comenzaron a rebajar sus precios para beneficio de millones. Las cifras de Ecopetrol son buenas y comenzó la entrega de bonos de $500 000 para madres cabeza de familia en la pobreza.

Se han entregado miles de hectáreas a campesinos, la reforma agraria es un hecho en marcha y dejó de perseguirse al campesino cocalero para centrar esfuerzos en los productores de la droga y así se han decomisado decenas de miles de kilos de cocaína.

La cosa no va mal, pese a las dificultades. Pero hay un plan orquestado por muchos empresarios y políticos, con la colaboración de numerosos medios de la prensa para hacer creer que el país va de para atrás hacia la catástrofe.

Es obvio que se enfrentan dos modelos de concebir el desarrollo: el de la derecha tradicional que lleva 200 años gobernando, favoreciendo al gran capital y generando progreso a cuentagotas para los menos favorecidos; y el de la izquierda, que apenas lleva nueves meses el poder y basa su apuesta no solo en grandes reformas estructurales de sectores claves como la salud, las pensiones y las relaciones laborales, sino que comienzan a notarse acciones en favor de los más desprotegidos.

Todo logro, todo avance, cualquier decisión, cualquier programa o plan de inmediato es atacado en jauría en las redes sociales y en los medios de prensa que se prestan para amplificar las voces opositoras y silenciar las del gobierno.

Así, lo que pasados gobiernos hicieron se lo enrostran al actual. Los viajes presidenciales al exterior y sus comitivas, por ejemplo. Que la vicepresidenta viajó con su esposo, como lo hacía la anterior vice, Marta Lucía Ramírez o como hizo Iván Duque con su hermano, pegado a todos los desplazamientos (eso sí, que fueran al exterior).

Ha sido tal la acometida que si una ministra calza tenis es motivo de escándalo; que la ropa que usa la vicepresidenta Francia Márquez; si la esposa del presidente Petro baila y es alegre es motivo para burlas y acusaciones variadas (olvidan los shows de Iván Duque en diferentes escenarios nacionales y foráneos).

Es atacar y atacar porque algo queda de tanta mentira, de tergiversar todo, de ignorar los avances. Una estrategia movida en dos direcciones: que no se repita un gobierno de izquierda o que, al hacer ver el panorama tan negro, de pronto se atraviese una solución violenta como ya lo han propuesto exmilitares.

El ex fiscal Eduardo Montealegre lo llamó en estos días un golpe blando. Mentir, tergiversar, distorsionar. Políticos de la oposición (y hasta del centro) unidos en redes día tras día (ellos sí tienen tiempo para eso) machacando sobre lo mismo, hasta insultando como lo han hecho con la vicepresidenta Márquez, a quien no le perdonan ser negra y de origen humilde, pues eso no se había visto en 200 años de dominio de los más blancos.

Es, por ahora, un pequeño golpe. Hacer creer que se gobernó mal, que prácticamente no existió el gobierno Petro y que lo que hizo rayaba en lo circense.

No todo en estos meses ha sido perfecto, se ha metido la pata en distintas ocasiones y hay ideas y programas que no calan. Y es necesaria y se debe respetar y aceptar la crítica que alerta sobre lo que se hace mal, pero estamos frente a otro fenómeno: la orquestación de un plan para acabar con el gobierno Petro. Sea ahora o en tres años.

Maullido: yo le creo a Mancuso.

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