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Hipocresía

 

Una parte de las bombas no estallan. Quedan de doloroso regalo para la población civil. Foto Wikipedia


La diplomacia, las relaciones entre países siempre se han basado sobre una plataforma: la hipocresía. Y sí que se ve ahora cuando Estados Unidos decidió entregar las peligrosas bombas de racimo a Ucrania, motivado en que Occidente no está alcanzando a fabricar con prontitud las armas que requieren los ucranianos para frenar la invasión rusa y porque la tal llamada contraofensiva no ha dado resultados.

Y es diciente cómo países que firmaron la convención que prohibía esas armas, como Alemania, Francia e Italia, ahora se hacen los de la vista gorda y solo esperan que todo vaya bien.

Pero no irá bien. La razón es clara: estas bombas se dejan caer desde aviones y se abren lanzando decenas y hasta centenares de bombas en un amplio radio. Carecen de precisión y tienen otro agravante: gran parte no explota y luego afectará a la población civil.

Sí, Estados Unidos ayudará a Ucrania matando ciudadanos ucranianos, pues aunque se ha dicho que solo se usarán contra el ejército ruso no son precisas y una gran parte queda ‘reservada’ para el futuro.

Los datos son elocuentes. La Cruz Roja Internacional estima que del 10 al 40 % no estallan y el 60 % de las víctimas se da luego de pasado el conflicto, entre ciudadanos dedicados a sus actividades diarias.

En Laos, entere 1964 y 1973, Estados Unidos dejó caer 260 millones de estas bombas, 833 kilos por habitante. Solo 0.47 % de las que no estallaron han sido retiradas y 50 000 ciudadanos han muerto o quedado seriamente heridos por ellas.

Igual sucedió en Camboya. Se lanzaron millones en tres los años 60 y 70 y han muerto 20 000 camboyanos por pisarlas mucho después de terminado el conflicto. De hecho, su primer ministro es de los pocos que ha hecho un llamado a que no las empleen porque sufrirá la población. Y lo dice con amplio conocimiento de causa

La mayor parte de los países han firmado la convención que prohíbe estas armas, salvo algunos como el propio Estados Unidos, Rusia y Ucrania.

Hace un año, ya en plena invasión, la secretaria de prensa de la Casa Blanca dijo a los medios que se rumoraba que Rusia había usado estas bombas y eso constituía un crimen de guerra. Pero parece que si las usan los estadounidenses no.

Informes de instituciones humanitarias dicen además que al menos 137 instituciones financieras, con asiento en Estados Unidos y Europa, financian la fabricación de ese armamento.

 Si la hipocresía es evidente, se extiende a los medios de comunicación. Con muy contadas excepciones, han reducido el envío a una decisión polémica o controversial, comenzando por varios grandes como la BBC, la Deutsche Welle y CNN y de ahí para abajo.

¿Entonces la bomba atómica sobre Hiroshima fue controversial? ¿O solo son polémicos los campos de concentración nazis?, como se preguntaron analistas del canal independiente La Base.

Y en nuestro caso, con una prensa también entregada a los intereses norteamericanos, también cabría preguntar si las minas antipersona son solo controversiales.

Muchos, por ejemplo, en total respaldo al lado ucraniano, apoyarán ese todo vale pues hoy en día es común hacer concesiones en la ética y dobleces a los valores si con eso se consigue algo o se refuerzan mi opinión o mis intereses, así más tarde mueran centenares o miles de civiles con las bombas que no estallaron.

Maullido: por ética, así no haya impedimentos legales, ningún alto funcionario debería tener familiares trabajando en el gobierno al que pertenece.

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