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Sigan creyendo ese cuento

 

Destrucción en la ciudad de Ducha, Ucrania, al comienzo de la invasión rusa. Foto Wikipedia


Solo unos días tras el bombardeo ruso a una pizzería en Kramatorsk, Ucrania, que costó la vida a decenas de personas, incluida la escritora Valentina Amelina, ataque que fue notorio en nuestro país por la presencia de tres colombianos reconocidos que salieron milagrosamente ilesos, Israel atacó el asentamiento Jenin en Cisjordania, Palestina, destruyendo edificaciones y matando al menos a 12 palestinos, de los que dice eran terroristas.

Estos dos sucesos, en apariencia inconexos, representan la visión del mundo tan limitada y parcializada que tenemos.

El primero recibió mucha atención en los medios, obvio, por la presencia del escritor Héctor Abad, el ex comisionado de paz Sergio Jaramillo y la periodista Catalina Gómez, el segundo escaso cubrimiento.

¿En qué se diferencian la invasión rusa a Ucrania y la israelí al pueblo palestino? Son dos hechos violentos, sangrientos, que generan muerte, destrucción y mucho dolor, detrás de cada uno de los cuales hay antecedentes de gran complejidad, pero el tratamiento informativo y la reacción de los colombianos está motivada en la visión occidental que tenemos, moldeada, e impuesta, sobre todo por Estados Unidos.

En ella, los rusos y los palestinos son los malos, los ucranianos y los israelíes los buenos del paseo. Pero sin entrar a justificar invasiones y guerras hoy en día, se tiene u expresa una visión demasiado simplista de dos asuntos complejos.

Por nuestra condición humana, la rapidez con la que avanza el mundo y la cantidad de información que se genera, se tiene una visión del mundo muy limitada y se hace poco por ampliarla y, en ese sentido, contrastar fuentes, situación que se explica menos en los medios de comunicación, que deberían facilitar el conocimiento y la interpretación del mundo.

Lo reconocía el año pasado en una conferencia el ex primer ministro británico Tony Blair, quien afirmó que “estamos llegando al final del dominio político y económico de Occidente. El mundo va a ser al menos bipolar y posiblemente multipolar" y el l mayor cambio geopolítico de este siglo vendrá de China, no de Rusia. Se trata de "la primera vez en la historia moderna que Oriente puede estar en igualdad de condiciones con Occidente".

Hace pocos meses el foro de Davos, el de los ricos y poderosos, se centró en este tema. Como dijera The New York Times, “la era post Guerra Fría, dominada por la idea de que la democracia liberal occidental y el capitalismo de libre mercado tenía todas las respuestas, terminó”.

Hay una nueva realidad provocada por la pandemia, la guerra en Ucrania, el crecimiento de la inequidad y las autocracias de China y Rusia.

Es otro orden mundial que para la mayoría de personas, y nuestros medios, no ha llegado. O no vislumbran y se mantienen solo bajo la égida estadounidense.

Tanto que ya también se pone a China como otro malo de la película, que es agresivo con Estados Unidos, y que con ese gigante hay que tener sumo cuidado.

No. El mundo es ancho y ajeno. Está bien alegrarse porque no les pasó nada a los compatriotas en la hoy peligrosa región de Donetsk ucraniano (¿o ruso?), pero no tiene sentido callar frente a los ataques israelíes complacidos por su actuación criminal o dar a entender que hace lo correcto.

Igual con las otras guerras o invasiones, alentadas o defendidas por Occidente, como Siria, para mencionar la más conocida.

Y se pone el grito en el cielo porque Rusia se acerca a Venezuela o China invade el mundo con obras de infraestructura y explotaciones mineras.

El mundo es muy complejo, es difícil comprenderlo y tenerlo todo en la cabeza, mas ya es hora de aceptar que está cambiando con rapidez y que lo que antes dábamos por sentado ahora no lo es.

¿Seguiremos tragando entero una sola versión?

Maullido: Uribe es un avión… menos para darse cuenta de las decenas de hechos a sus espaldas por parte de amigos o subalternos.

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