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Un año de Petro: el país avanza

 

Los campesinos y otros sectores marginados y olvidados han recibido atención del gobierno. Foto Wikipedia Commons


Nota: esta columna se escribió antes de conocerse las noticias sobre las declaraciones de Nicolás Petro y la campaña de Gustavo Petro. Sin embargo tiene plena validez.

Son más positivos que negativos los hechos del gobierno de Gustavo Petro en su primer año, una nueva forma de gobernar y un cambio que se consolida poco a poco, pese a contrariedades en algunas de sus reformas.

Pero cómo no va a ser cambio llegar a los más olvidados, convirtiéndolos en el centro de atención de diversos programas y en muchas reuniones. Cómo no va a ser cambio avanzar en la reforma rural que han esquivado todos los gobiernos anteriores y jugársela de nuevo con la paz, así considerarla paz total haya sido un poco aventurado, aunque esa ha sido la intención, difícil de cumplir en un país no solo con múltiples violencias sino marcado por el odio en todos los componentes de la sociedad.

Cambio es invitar a los ciudadanos a ser factor influyente en las reformas sociales, siempre ignorados por gobiernos acostumbrados a mandar solo con los políticos de su coalición y los diversos gremios de la economía.

También es cambio darles mayor participación a las mujeres en el gobierno y crear el Ministerio de la Igualdad, resistido por quienes siempre se han creído superiores a los demás.

No menos lo es el respeto a las decisiones judiciales, acostumbrados que estábamos a gobiernos como los de Álvaro Uribe Vélez e Iván Duque, que cuestionaron todo lo que no les convenían o en lo que no creían, en particular las acciones sobre amigos o familiares o cuando jueces no les siguieron los dictados sobre quiénes debían ser condenados.

Asimismo es cambio haber depurado las fuerzas armadas, hacer respetar los derechos humanos como pocas veces antes y haber cambiado la política contra el narcotráfico.

Cómo no va a ser una alteración del orden plantear una transición energética, convencido como está el presidente de la hecatombe climática que exige sacrificios, transición que debe aclararse y consolidarse en lo que resta de periodo.  

Colombia está un poco mejor hoy, pero todo lo que hay que hacer no se logra en un año. Se nota, eso sí, un derrotero que trazó el gobierno y se cumple de a poco. Hay un norte.   

A pesar de lo que afirmaban y gritaban a los cuatro vientos opositores, que veían en Petro a un peligro para la economía, esta va bien, sin sobresaltos. Se ha reducido algo la inflación y el desempleó bajó a un dígito. La inversión extranjera no se ha espantado y antes ha crecido, mientras que el dólar no se pegó la disparada que vaticinaban aves de mal agüero y ha bajado. Y se cumple la norma fiscal.

Incluso tomó la valerosa decisión de ajustar los precios de la gasolina para solventar un fondo que de manera irresponsable desfinanció el gobierno Duque.

Esto controvierte voces que aún se escuchan sobre decisiones del gobierno que decían alborotaban los mercados y nada de eso ha ocurrido.

Todavía hay quienes, como el exministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo, cada vez más tirado hacia posiciones de la derecha, casi la extrema, quienes dicen que todo esto se debe a la inercia por la economía mundial.

Como todo gobierno ha habido hechos que generaron mucha bulla y que afectaron la imagen de un gobierno auscultado por los medios de comunicación como nunca antes en la historia republicana lo habían hecho con otro gobernante, situación que ha hecho que el propio Petro tenga que estar aclarando parte de lo que desinforma la prensa a diario.

Algunos nombramientos diplomáticos, la demora en nombrar Mincultura, el remezón ministerial con la salida de ministros que estaban haciendo buena gestión como Cecilia López y José Antonio Ocampo, el incumplimiento en varios compromisos, están entre esas situaciones que generaron amplio rechazo, porque otras como el affaire Sarabia-Benedetti y lo sucedido con su hijo Nicolás no son de su entero resorte, aunque fue aprovechado por una posición para armar escándalo, oposición de dicho de paso ha sido superficial y poco seria pues se ha reducido a las meras anécdotas.

 Vendrán en este segundo año retos como mantener bien la economía ante el siempre cambiante panorama internacional y ver cómo logra mover sus tres reformas (salud, laboral y pensional) en el Congreso, pero esto ya es parte de las negociaciones políticas propias de cualquier gobierno, sea que logre sacarlas como se plantearon o no.

Tras este primer año queda claro que el establecimiento, ese comandado por los poderosos gremios, los políticos tradicionales de partidos tradicionales y corruptos, las personas acaudaladas y unos medios dependientes del gran capital, ha sido el gran opositor a cualquiera de los programas del gobierno y para ello no ha escatimado esfuerzos (como en el caso de la transición energética o la reforma laboral que toca intereses de los hasta ahora intocables).

A hoy no se han podido oponer al cambio, un cambio que avanza.

Maullido: por donde se mire, el fiscal Barbosa ha sido un gran fiasco para la aplicación de justicia.

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