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El gobierno debería revisar ciertos asuntos

La rebaja del Soat está dejando un gran hueco. Dinero que podría servir para atender tantas necesidades de las personas y comunidades más necesitadas. Foto Alcaldía de Tuluá

Vale la pena repasar y pensar en lo que sucede. La vicepresidenta Francia Márquez chiflada en Cauca y ahí no valen excusas sobre que era un tema político y aunque el tema tiene mucho de hondo, la desfavorabilidad del presidente Gustavo Petro también es para analizar.

Se sabe que las encuestas incluyen a personas que por lo general están influenciadas por los únicos medios que se informan, los tradicionales colombianos y ya sabemos que hace 14 meses decidieron jugársela toda contra el presidente. Aclarando además que no se gobierna para las encuestas, sí debería motivar una reflexión en el gobierno.

Las tres grandes reformas propuestas por el gobierno son las que generan esa imagen negativa, pues han sido rechazadas por el poder económico y políticos tradicionales, conservadores y de derecha por demás.

No se trata entonces de complacerlos sino, como hemos dicho ya varias veces, de acercar posiciones y ver cómo en algunos puntos se puede negociar, aunque sabemos que hay algunos que se consideran inamovibles, fuera de toda negociación.

Petro tiene un estilo particular de gobernar, lanzando muchas ideas o contestando críticas y desinformaciones en redes sociales con lo que genera enfrentamientos y desacuerdos.

En cuanto a las ideas que lanza, es uno de los puntos débiles que tiene porque a veces son anuncios que no se harán realidad, como la construcción de muchas universidades sabiendo que el proceso es lento por decir lo menos.

Hay así mismo algunas decisiones controvertibles, que no han dado los mejores resultados. Entre la rebaja del Soat y el no aumento en los peajes para los transportadores el hueco fiscal asciende a $1.35 billones, con el agravante de que hoy no se sabe cómo se corregirá ni cómo seguirán ese seguro y los peajes.

Se sabe que con el Soat hay corrupción, carteles que se roban el dinero que debería ir a la salud. El ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, así de primera, dijo que sería mejor acabarlo. No entregó soluciones y se sabe que sería un duro golpe a las finanzas de los hospitales. Es decir, otra declaración que genera ruido negativo porque si ve que la solución es acabarlo, debe ir acompañada de las alternativas.

También, en otra medida cuestionada, se les entregará dinero a los taxistas para compensar el alza en el combustible generando otro hueco en las finanzas estatales. Había otras maneras de enfrentar el tema.

Sí que es difícil el tema de los combustibles, que genera mucha incertidumbre. El paso a taxistas puede ser temporal, pero los transportadores no han sufrido alza del diésel, que se congeló. Dijo el gobierno en su momento que en 2024 aumentaría, pero no se sabe cómo se tendrá contento a ese poderoso gremio, motor de la economía ni qué alternativas habrá para poder cobrarles el precio real y compensarlos para evitar paros.

Remediar todo con dinero no es lo ideal. Todos esos subsidios que se les han otorgado, lo del Soat, lo de los peajes, lo de los taxis y transportadores podrían haberse destinado para remediar problemas serios de colombianos de menores recursos en campos como la vivienda, las vías terciarias, la educación básica, por citar unos.

Hoy en todos estos asuntos reina mucha confusión. El gobierno y el presidente se han acercado a sectores que nunca fueron tenidos en cuenta, pero se necesita transformar todo en más obras y acciones que los beneficien, y encontrar los canales para dar a conocer todo lo que se haga porque la prensa tradicional no lo hará.

Es momento se sentar cabeza, revisar lo que no funciona, decirlo con claridad, pues reconocer equivocaciones no es ni recular ni mostrar debilidad, por el contrario, es una señal de que se mejorará.

No puede primar la soberbia ni poner a funcionar la chequera a diestra y siniestra. Es por el bien del país, y del gobierno.

Maullido: sumando todos los candidatos a Alcaldía de Medellín, no sale uno. Qué pobreza.

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