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Un año duro

 

Los campesinos comenzaron a recibir tierras, una de las buenas noticias del año. Foto Wikipedia Commons


Cada año que pasa marca a quienes vivieron alguna situación infortunada y a aquellos que recibieron algún beneficio, pero los años se suceden y parece que el decorado cambia poco. Siempre habrá muertos notables y conflictos nuevos, esperanzas que se esfuman y otras que se hacen realidad. Y eso que dice la canción, ‘sea que te resulte claro o no, el universo marcha como debiera’, se refrenda al final de cuentas.

Pero este 2023 fue un año de guerras, así solo una de ellas concentre la atención de Occidente, el exterminio del pueblo palestino a manos de Israel, pues la de Rusia contra Ucrania se volvió paisaje y los violentos conflictos intestinos en diversos países africanos poco han importado porque a Estados Unidos y sus medios no les importan. Al fin y al cabo, se matan entre negros.

Un año en el que en el país tuvimos avances sociales, pues por vez primera comunidades y personas marginadas recibieron atención, así no hayan sido todas y así hayan sido más las expectativas por alguna intervención del gobierno que lo realmente recibido, en un Estado que como el nuestro está diseñado para que las cosas funcionen con lentitud o simplemente no funcionen y a los olvidados prometerles para luego incumplirles. Al menos ya no fueron noticia solo por paros y protestas.

Difícil el año para la paz, en un país que se acostumbró a pedir violencia si es en territorios alejados de las grandes ciudades, donde sufren ciudadanos de segunda y donde toda clase de grupos aprovecha para hacer su gran negocio, generalmente ligado al tráfico de estupefacientes cuya lucha cada vez está más demostrado que se perdió.

Ningún diálogo y ningún acuerdo sirven, menos cualquier concesión a un enemigo que no ha sido derrotado, y así pasamos otros 365 días sin saber si algún día tendremos respiro.

Un año donde se cambió la ruta del combate a las drogas ilícitas, pasando de perseguir al campesino a hacerlo con los que producen y manejan el rentable y sangriento negocio, aunque todavía a las élites -muchas de las cuales se han lucrado del negocio- no les convence desestimular ciertas economías ilegales como la de la marihuana.

Caliente además este año. Tal vez el más en 125 000 años, pasado por abundantes tragedias naturales de toda clase avivadas por el calentamiento, mientras quienes tienen en sus manos el control mediante la disminución radical en el uso de combustibles fósiles aún no quitan el pie del acelerador y se siguen llenando los bolsillos.

Y se va el año mientras los colombianos seguimos enfrascados en redes sociales tratando de descalificar a quienes piensan distinto, sin importar los medios para ello, acudiendo a mentiras y difamaciones, y generando una oposición al gobierno actual que nunca se había vivido en la historia nacional, mostrando con claridad que es más que cierto el poder del establecimiento, de la derecha y el gran capital, en su afán por mantener el status quo y sus privilegios de siempre, tarea en la que han contado con los grandes medios, de su propiedad, para atacar con o sin razones.

Maullido: todavía muchos se creen el cuento del antioqueñismo, de una raza diferente y especial en una región ejemplo de inequidad y dinero fácil.

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