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Qué indiferentes y fríos somos los colombianos

 

En todo el mundo se protesta contra el genocidio de Israel, menos en Colombia. Foto VJ Group Random Doctors/Fllickr

Mientras buscaban ayuda humanitaria en camiones, Israel atacó a centenares de palestinos. Más de 100 asesinados y 700 heridos. Solo la última gran masacre cometida por el Estado sionista de Israel.

En ese genocidio van más de 30 000 muertos, más de 1 asesinado por cada 73 palestinos y se dice que hay subregistro. Demasiado en cualquier población, pero muy notorio en una de solo 2.2 millones que habitan en Gaza.

Desde la actuación de la Corte Penal que pidió no asesinar inocentes, Israel ha asesinado a más de 4000 palestinos y más de 6000 quedaron heridos. Es un exterminio, no acciones localizadas en el demencial ataque contra Hamás.

Pero eso está muy lejos, se ha convertido en puro paisaje. Y vale preguntarse porqué los colombianos no reaccionaos. Tal vez estamos ya acostumbrados a tanta violencia que nada nos conmueve.

No nos conmueve ni que en Chocó miles de compatriotas sean objeto de confinamientos con inusual frecuencia.

Este es tal vez consecuencia de la premisa del mundo capitalista: produzca y produzca (trabaje y trabaje del famoso ex) y piense poco. Creo que eso tiene que ver en una parte por lo que nos sucede a los colombianos. Es que no nos conmovemos, como pueblo, por nada. Un sistema que, como han analizado muchos autores, conduce al egoísmo, al sálvese quien pueda. Y sí que lo entronizamos.

Sí, hay marchas de apoyo o protesta contra el gobierno, pero no antes los grandes temas que nos tocan.

Mientras en todo el planeta las marchas contra el genocidio de Israel en Palestina son multitudinarias y frecuentes, acá no se ha llamado a ellas siquiera. En muchísimos otros países también protestan de manera masiva contra quienes provocan el calentamiento global, acá ni una sola.

En otras latitudes, como en Europa por estas semanas, protestan los agricultores por decisiones que los afectan. Y son masivas, o por el cobro de impuestos en Francia hace pocos años.

Acá no. Y para ajustar, toda insatisfacción es aprovechada para manejos políticos y se diluyen. Salvo las que hubo contra el represor Iván Duque, que fueron las únicas en varias décadas de origen popular y expresión masiva.

Somos apáticos y fríos, muestra ejemplar de sociedad acrítica. Nos dejamos imponer la agenda por políticos y medios. Todo lo soportamos. ‘Qué se va a hacer’, expresión por demás muy acentuada en sectores marginados donde aún muchos creen que su pobreza y abandono es porque les tocó, o porque su Dios no se acuerda de ellos y hay que resignarse.

Desde comienzos del siglo pasado cualquier protesta fue rechazada y reprimidas por las clases gobernantes y acomodadas. Una subversión del orden, pero del orden que ellos han impuesto y les interesa, porque las grandes conquistas del ser humano se han logrado con protestas, con demostraciones callejeras de insatisfacción, así hayan generado violencia, que es otra situación a la que acude el poder y las clases acomodadas para desvirtuarlas y satanizarlas.

Eso también ha incidido en que seamos tan apáticos, una sociedad sui generis pese a la violencia aterradora que hemos sufrido durante tantas décadas.

Ante nada nos manifestamos. Miramos con recelo y desconfianza detrás de las cortinas de la casa a los pocos que se atreven a mostrar su inconformismo.

Entonces, ahora, salir a marchar contra Israel. No, eso está muy lejos. Si no nos interesa siquiera qué les pasa a los chocoanos…

Y cada hora llegan imágenes de niños palestinos masacrados, de pequeños a los que el Estado sionista y asesino de Israel mata de hambre, de grupos abaleados sin razón. Nada nos saca de nuestra comodidad. O, tal vez, si eso es lo que quiere Dios…

Maullido: el alcalde de Medellín dizque reuniéndose con el sionista embajador de Israel. ¿Aprueba el genocidio?

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