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La marcha de los plastilinos

 

Composición del Senado la pasada legislatura. ¿Y el centro? Imagen Wikipedia


Fue una revoltija, casi una pelotera. Los que se llaman de centro marcharon en la marcha convocada por la derecha y la extrema derecha, el Centro Democrático. Marcharon junto a los antiderechos (aborto, personas LGBTI, educación gratuita, drogas, etc.) y para ello se valieron de un lavado mental: es una marcha de inconformes con el gobierno en la que todos cabemos.

Sí, eso hicieron, y se ufanan, los de ese centro, pero como veremos es parte de lo que son unos plastilinos moldeados según las circunstancias.

Recordemos que muchos de ellos se alinearon antes con el candidato corrupto de derecha, Rodolfo Hernández, a quien algunos exponían como un modelo.

Marcharon, repitieron, inconformes con el gobierno. Pero nunca se les vio marchando contra la severa represión de Iván Duque durante las protestas de 2020, represión criminal que ya deja muchos casos cerca de fallo judicial condenatorio.

El gobierno derechista (o de extrema) de Duque les pareció maravilloso, o al menos pasable para no salir a las calles.

Pasada la marcha del 21 ninguno de esos líderes de ese extraño centro se pronunció con firmeza contra la violencia verbal y simbólica de la derecha, cantando la muerte al presidente Gustavo Petro, portando hasta féretros y, de ñapa, aplaudiendo el genocidio de Israel en Gaza y al abusador Bukele.

Bueno, al fin y al cabo, su conciencia les dictó que en la marcha todos cabían, dijeran lo que dijeran e hicieran lo que hicieran.

Son de centro y rechazan todas las reformas del gobierno Petro y al mismo presidente, con frecuencia con tono subido, que, bien extraño, nunca lo han hecho con los gobiernos de derecha que han gobernado este país hasta donde la memoria llega.

¿Saben por qué son así? Porque el centro no existe. Lo dijo con claridad la dama de hierro inglesa (tal vez mejor terrorista de Estado) Margaret Thatcher, quien mandó muchos años en el Reino Unido: estar en el centro de la carretera es muy peligroso; te atropella el tráfico de ambos sentidos.

La mayoría de los colombianos se dicen de centro, casi el 50 %, pero vota por la derecha o por la izquierda en algunas de las pocas oportunidades en que le han dejado asomar la cabeza a esta.

Leía a un columnista español en La Voz de Galicia que la mediana es una línea, no un espacio para una fuerza política y por eso nunca se logrará forjar una mayoría centrista. Colombia es claro ejemplo de ello.

Más contundente es el sociólogo y lingüista estadounidense George Lakoff, autor de libros como Moral Politics: el centro ideológico o político no existe. Y explica: es imposible colocar la mayoría de los asuntos que se manejan en la política, como impuestos, el aborto, derechos LGBTIQ, eutanasia, drogas, salud, educación para citar unos, en un punto medio: muchos de esos temas son de sí o no, no hay escala, no hay término medio.

Esos que se llaman de centro además tienen sus principios e intereses y en unas cosas son conservadores, en otras progresistas o liberales.

Es por esto que esos partidos que se dicen de centro se mueven como borrachos, a veces para la derecha y otras para la izquierda, aunque en nuestro país casi siempre han tirado hacia la derecha, se identifican con ella. Lo de la marcha no fue casualidad.

El centro no existe. Por eso, dichosos, los que así se denominan, salieron a marchar junto con la extrema derecha y todo lo que ella representa. Al fin y al cabo, tienen unas ideas y una mente muy maleables que les permiten acomodarse.

Los plastilinos.

Maullido: si un extranjero entra a Medellín decenas de veces, ¿será que viene a comer bandeja paisa? Por eso la ciudad es ahora la capital mundial de la explotación sexual infantil.

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