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¿Marchar?

 

Llevamos dos años de marchas y faltan dos más. Imagen de una marcha hace varios años. Foto Flickr


Muy probable que la marcha de este domingo 21 sea la más nutrida de las que ha convocado la oposición porque fuera de la derecha marcharán muchos de centro decepcionados con el gobierno Petro y sus formas.

A esto se suma el desgaste natural del gobierno luego de 21 meses, el malestar por las tres grandes reformas y el controvertido anuncio de una Constituyente que pocos entienden y digieren.

Se reafirmará la derecha con su ideología totalmente opuesta a la del presidente y con seguridad aprovechará que otros se sumarán para reclamar poderío. No pocos asistirán bajo la abstracta consigna de “salvar a Colombia” y hasta el exministro Rudolf Hommes lo hará para que retorne la felicidad al país, otro extraño mensaje.

Las marchas y contramarchas se han convertido en medio de expresión de seguidores del gobierno y opositores para medir fuerzas en la calle, aunque así no se resuelva nada, solo dar una sensación de fuerza: no se traducen en acciones concretas.

Saldrán ahora los de siempre, algunos analistas, políticos y periodistas a decir que el pueblo ha hablado y que el gobierno debe escuchar y conceder, lo cual no es del todo cierto porque este tiene su propia agenda y si cede en todo gobernará la oposición.

Es que están enfrentadas dos visiones de país. Ese acuerdo sobre lo fundamental que pregonaba Álvaro Gómez Hurtado no es posible porque hay dos ideologías opuestas y cuando eso propuso solo actuaban los partidos Liberal y Conservador, que en esencia eran y son lo mismo. Idéntica ralea.

Estos casi dos años han traído un gran desgaste del gobierno, situación normal pero acelerada por una prensa tradicional enlistada casi unánimemente a la derecha.

No se desconoce que ha habido errores graves, comenzando por la tendencia de Petro de encerrarse en sí mismo y no escuchar ni voces amigas, actuación que ha incidido en los enormes líos que le ha traído la reforma a la salud, que así sea revivida dejará una herida difícil de cicatrizar ante una parte de la opinión.

Tampoco caló bien su llamado a una Constituyente y la citación al constituyente primario, que son todos los ciudadanos y no solo una parte de ellos afines en pensamiento al progresismo y a la izquierda. Un tema que se ha ido enredando con las sucesivas declaraciones del presidente y las interpretaciones de los opositores y voceros de eso que llaman centro.

Para ajustar, ahora se suman las denuncias sobre posibles irregularidades en la financiación de su campaña.

El ambiente es difícil, hay que reconocerlo. Se sentirá en la marcha. El domingo no se solucionará este país, cada vez más acostumbrado a los insultos y descalificaciones de quienes piensan distinto, a la mentira y al todo vale, pero podría ser una señal, tal vez algo pronto, sobre el futuro electoral, y puede ser una oportunidad para que el gobierno analice con seriedad, lejos del fervor y la vocinglería ensordecedora de sus barras en redes sociales, en qué puede mejorar y qué debe hacer para de verdad encarrilar esas grandes transformaciones que requiere el país, hoy anémicas por falta de claridad y decisión, lejos de entablar peleas con cuanto molino mueva el viento.

Maullido: tanto político hablando del agua y la energía y no tienen ni idea de qué es el cambio climático y lo que podría generar en el país porque nunca el tema les ha interesado.

 

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