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Un Nobel mete el dedo en la llaga colombiana

 

El Nobel Robinson dice que no se cumplieron aspectos importantes de los acuerdos con las Farc. Un hecho en el que tuvo gran responsabilidad Iván Duque.  Foto A. Gómez/Flickr


Como caído de la estratosfera llegó para Colombia el Premio Nobel de Economía a investigadores sobre la desigualdad de ingresos entre países, y que uno de ellos, James Robinson haya trabajado tanto el tema en nuestro país.

Podría ser un empujón para desarrollar mejor el Estado y crear instituciones fuertes, y planificar mejor el desarrollo nacional y la inclusión de sus ciudadanos para disminuir la desigualdad.

Como se desprende del trabajo de Robinson, nuestras instituciones no son adecuadas para impulsar el desarrollo y el progreso de los colombianos. SE moldearon desde la Colonia y la Independencia y los primeros pasos republicanos, y responden a los intereses del centro. Desde allí, la periferia siempre ha sido relegada. Robinson afirma que si se va al Pacífico o a los Llanos “encontrarás personas aisladas del Estado, privadas de sus derechos”. Es medio país el marginado. No ha existido interés en atenderlo y cuando se ha dado es con migajadas, como lo ha expuesto Jorge Orlando Melo en sus historias sobre Colombia, situación que bien describe también Juan José Hoyos en El oro y la sangre, de una comisión del Estado central que tenía que ir a Chocó a resolver un problema por el oro, y cuyo interés estaba en que la visita quedara en las estadísticas nada más.

Una situación eterna: el gobierno atendió en sus primeros meses el paro de mineros del Bajo Cauca, que ahora irán a paro de nuevo por lo de siempre: incumplimiento. Se incumple porque las instituciones no son eficientes ni están creadas para servir al ciudadano y atender sus necesidades.

Hace unos días el gobierno se tomó el corregimiento El Plateado, en Argelia, Cauca, importante para el grupo delincuencial EMC liderado por Iván Mordisco, y una muestra actual, incontrovertible, del abandono al que han estado sometidas las regiones. El grupo estaba allí hacía seis años.

Ahora se proyectarán y tal vez se construirán vías, darán créditos para sustituir cultivos ilícitos, mejorarán las escuelas y el puesto de salud, pero ¿qué instituciones van a sostener todo eso, cuando, por ejemplo, el sistema hospitalario público de esa periferia fue abandonado durante décadas por las instituciones del Estado?

Decía hace años el sociólogo francés Danel Pécaut, otro estudioso del país, que “El problema es que Colombia nunca ha tenido una visión de nación, no sabe que existe como nación…” Robinson sostiene que el actual gobierno (como ha sucedido con los anteriores) carece de estrategias para cambiar a Colombia, ante lo cual el presidente Gustavo Petro trinó que sí la tiene, la reforma agraria.

Pero volvemos a lo mismo: ¿qué instituciones mantendrán y la solidificarán a futuro? No se ven. Las existentes son ineficientes, como el mismo Ministerio de Agricultura.

Mientras tanto, las pocas reformas propuestas en beneficio de los excluidos, de las mayorías, son atrancadas y negadas en un Congreso en el cual las mayorías parlamentarias están al servicio -siempre lo han estado- de los grandes poderes económicos y de los poderes locales y regionales.

Se acaba de negar, por ejemplo, el contrato rural para garantizar un ingreso digno al campesino. Como siempre, dice la derecha que “no es el momento”, “perjudicará a los mismos campesinos”, generará desempleo”, “quebrarán empresarios”. Nunca se puede. Todo se concede, cuando se da, a cuentagotas, como favores de unas castas privilegiadas.

Recordemos los trinos recientes del expresidente Álvaro Uribe quejándose por prediales altos (siempre fueron muy bajos para los terratenientes), y afirmando que darles más horas nocturnas y pagos plenos de dominicales a los trabajadores., es una venganza contra él, que afectará al empresariado.

Sí, el Nobel a Robinson y colegas sería una oportunidad para repensar qué nos impide progresar con celeridad, qué hace que millones de colombianos permanezcan ignorados para el Estado, cómo hacer que las instituciones estén presentes y respondan tanto en Andagoya (Chocó), como en Cumaribo (Vichada), en Uribia (La Guajira) y… en El Plateado.

Pero no. El sistema está hecho para que no funcione bien y mantener el estatus quo. Y salir de ahí no es nada fácil, menos con políticos cuyo principal trabajo es evitar que las cosas cambien.

Maullido: algún día Israel pagará caro lo que ha hecho a los palestinos.

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