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En 150 palabras: Un empresariado tacaño e injusto

Por lo general los gobiernos han favorecido los intereses del capital en la fijación del salario mínimo. Esta vez no fue así. Foto Flickr

La puja del capital contra la fuerza de trabajo en cada fijación del salario mínimo es muestra palpable del sistema imperante, en el cual aquel busca maximizar ganancias así sea a costa de pauperizar a sus trabajadores.

Queda uno perplejo con la cantidad de economistas de derecha que critican el alza para 2025 con argumentos cuya validez es dudosa o no aplica siempre: que habrá desempleo (no lo ha habido siempre que se alza por encima del interés empresarial) o que aumentará la informalidad, que tampoco es regla.

La vocinglería gremial no extraña porque los empresarios colombianos, con contadas excepciones, han sido tacaños y ha buscado que los gobiernos les concedan beneficios como exenciones impositivas o disminución de las prestaciones salariales a sus empleados.

Recordemos que Uribe redujo pagos salariales para que crearan empleo y no lo hicieron. Una razón más que demuestra porqué pegan el grito en el cielo.


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