Ir al contenido principal

De porqué Colombia no avanza como debiera

 

Los factores que inciden en la pobreza no se han solucionado, entre ellos la tremenda corrupción y un aparato político podrido. Foto Wikipedia Commons


Hay mucha algarabía por estos días por la Consulta Popular del gobierno de Gustavo Petro para que la ciudadanía se pronuncie sobre derechos laborales, derechos que les fueron arrebatados hace dos décadas largas por el gobierno proempresarial del derechista Álvaro Uribe Vélez.

Hechos, como pasa cada semana en este país sufrido, que impiden ver el bosque y hace que el tiempo se vaya pasando sin cambios sustanciales.

No fue el de Petro el gobierno del cambio que tanto se esperaba, porque la corrupción se mantuvo bien viva, la voracidad fiscal siguió rampante, el Congreso y los políticos mantuvieron su postura extorsiva (lo recordaba William Ospina) y el Estado es tan ineficiente hoy como antes. Con decir que media Colombia sigue olvidada.

Es cierto que más de 250 000 personas salieron de la pobreza multidimensional el año pasado, y cómo no va a ser logro que cientos de miles de compatriotas al menos puedan comer. Pero seamos claros: no tienen acceso a una educación y a una salud de calidad, sus viviendas son precarias y asentadas en sitios de alto riesgo, carecen de recreación adecuada y su acceso a la cultura es casi nulo.

También es cierto que el desempleo se ha reducido, pero que fue gracias a que aumentó el empleo informal, ese que no garantiza los mínimos derechos a las personas y hace que su vida solo sea de supervivencia.

Este es un Estado no solo ineficiente sino corrupto. No pasan días sin que se denuncien nuevos hechos. La Contraloría acaba de denunciar irregularidades por $223 000 millones en el Caribe. ¿Qué significa? Que proyectos de vivienda rural, pavimentación y unidades de salud quedaron en el limbo mientras algunos gozan del dinero que debía ir a solucionar dificultades ciudadanas.

Hace unos 10 años, en su libro Por qué fracasan los países, los hoy nobeles de Economía, Daron Acemoglu y James A. Robinson escribían que “Nuestra teoría sugeriría que es muy poco probable que haya crecimiento económico sostenible en Colombia”.

Es que como exponen, países sin instituciones fuertes y sin un Estado central sólido conducen a la rapiña por los recursos, que se traduce luego en una rapiña por el poder y  se frena la seguridad inversora. No nos digamos mentiras: eso ha sido común en los últimos gobiernos, con la tristeza de que el actual prosiguió por el mismo camino.

Como se requiere organizar la componenda electoral, se presenta ley de transfuguismos; como las decisiones del Consejo de Estado hacen daño, se busca que no pueda castigar la doble militancia. Y así podríamos seguir: medidas para beneficio del gobernante y de la clase política que se ha robado este país casi desde antes de expulsar a los españoles.

Convenzámonos: la política colombiana, incluso hoy 2025, está hecha para beneficiar a grupitos y sectores minoritarios e impedir que eso cambie. Aún hoy se negocia con dinero con el Congreso, se nombran funcionarios por amiguismo y no por capacidades, y se beneficia al rico y poderoso.

¿Entonces? Sí, ha habido mejoras en el modo de vida de un sector de la población, pero los grandes problemas que impiden que el progreso llegue a todas partes y a todos persisten y no hay asomos de una solución, porque esta no solo depende de un gobierno ni de una línea ideológica.

Sigamos pues creyendo que como vamos, vamos bien. Es que ante tan cruda realidad parece mejor seguir mirando el árbol y no el bosque, y creer que los hechizos de cualquier duende nos sacarán de este monumental atasco.

Los nobeles siguen teniendo razón.

Maullido: estamos sufriendo los embates de un fuerte invierno debido al cambio climático, pero ya nadie habla de eso. Parece que Trump los calló a todos.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Salario mínimo: cómo aumentar la desigualdad

  La idea es que quienes ganen poco no ganen mucho más. Esa es la puja por el salario mínimo. Foto Public Domain Siempre resultará fastidiosa, por la inequidad y la injusticia que encierra, la pelea de los grandes poderos económicos para que no suba mucho el salario mínimo. Un discurso de doble moral, porque nada dicen ante los escandalosos aumentos de riqueza de empresarios e inversionistas. Claro, este es el summun del capitalismo, la aspiración, la meta: tener mucho así la mayoría tenga poco y por eso la lista periódica de los más ricos del mundo y del país genera admiración y grandes titulares en los medos sin siquiera una pizca de duda sobre todo lo que eso conlleva. Quienes ganan un mínimo o menos dependen de ingresos y no pueden planear el futuro. ¿Qué pasa si no tienen dinero antes del próximo cheque?, se pregunta Ingrid Robeyns, jefa de ética en la Universidad de Utrecht en su libro Limitarismo, el caso contra la extrema riqueza. Este año las utilidades del sistema f...

Andrés Pastrana se hunde cada vez más

  Andrés Pastrana en la cuestionada invitació a Ghislaine Maxwell, mano derecha de Epstein y amiga del expresidente, para subir e un helicóptero militar Es muy probable que nunca se sepa si el expresidente Andrés Pastrana participó en las fiestas de pederastia infantil del millonario Jeff Epstein, pero no quedan dudas de que viajó en el famoso avión con él, el Lolita Express y que tuvo una relación demasiado cercana -cómplice- con la asistente, Ghislaine Maxwell. Tantas menciones en los archivos liberados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos no pueden prestarse a otras deducciones. El expresidente no ha dicho la verdad y como el señor Epstein se suicidó y su asistente mantiene votos de silencio carcelarios, quién sabe si otro participante hablara de las andanzas de Pastrana en esa trama criminal. En el Reino Unido encerraron e investigan al ex príncipe Andrés, por su cercanía con Epstein; el ex embajador británico en EEUU, Peter Mandelson no solo renunció, sino que...

El prontuario de Paloma Valencia

  Elitista, clasista, racista, antiderechos y defensora de los poderosos, esa es en verdad Paloma Valencia, quien ahora busca incautos que crean que cambió. Foto Wikipedia Commons Por más que su nombre lo sugiera, Paloma no es una mansa paloma. Es un lobo feroz, que hoy representa todo lo que el país no quiere, eso que ha ido dejando de lado: violencia política, racismo, desconocimiento de derechos, favorecimiento de los poderosos. Quiso, en su discurso de victoria en la consulta que le fue favorable con indiscutida supremacía, retratarse como una mujer centrada y de centro, afín al diálogo y a las buenas maneras políticas, pero no, Paloma Valencia no es eso: ha sido durante toda su carrera política una acérrima defensora de Álvaro Uribe, de todo lo que este representa e hizo en sus gobiernos y por fuera de ellos, de lo que pregona su líder, que ha comparado con casi un dios en arrebatos cercanos a la locura adoración. Ahora, con su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Uribist...