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La fe de nuestros gobernantes y políticos

 

Basílica de San Pedro en la Ciudad de El Vaticano, sede de la máxima jerarquía de los católicos. Foto Wikipedia Commons


Resulta que ahora nuestros gobernantes, políticos y dirigentes son más papistas que el Papa. Se desbordaron en palabras bondadosas a la muerte de Francisco y ahora elogian al gringo-peruano León XIV.

No es de ahora, ha existido siempre una ruptura entre la fe religiosa y la práctica. Y sí que se nota en el plano político. Son católicos con creencias a conveniencia.

Van a misa para la foto, pero salen y actúan con un mensaje contrario a lo que pregona el catolicismo. Por eso daba risa ver en el funeral del Papa Francisco a todos esos gobernantes que generan violencia, la patrocinan y se abrogan el derecho de decidir quién vive y quién muere.

Trump, por ejemplo, que aborrece a los migrantes y pobres, en pleno Vaticano para ‘honrar’ a quien defendía a los migrantes y necesitados.

Pero no solo él. Los funerales nos mostraron una vez más que en el mundo diplomático no manda la diplomacia sino la hipocresía.

En nuestro país es lo mismo. ¿Cuántas veces Álvaro Uribe ha publicado fotos en misa, él, que no le dolieron los falsos positivos que acabaron con la vida de tantos inocentes? Pero no es el único, abundan en todos los movimientos.

Acá la vida política está llena de componendas, de palabras rotas, de traiciones, de promesas incumplidas y, sí, digámoslo, de corrupción y aprovechamiento indebido de los cargos.

Aman atacar opositores y fomentar la violencia, rechazan al diferente y legislan contra ellos u omiten protegerlos. Se defiende a quien usurpa la tierra, no a quien se la arrebataron; priman los derechos y privilegios de quienes tienen dinero frente a los de los que no; menosprecian a las personas LGBTQI+ y les niegan reconocimiento.

¿Qué decir de los empresarios? Muy nobles contribuyendo con obras sociales y apoyando parroquias, pero otra cosa son sus relaciones con el trabajador, la manera como lo tratan y como en no pocos casos se aprovechan de él.

Prima el amor por el dinero y el poder, no por el otro. ¿Cuántos se leyeron Laudato si o la pusieron en práctica? Pero elogiaban al Papa mientras contribuían a averiar esta casa de todos.

Esta disociación entre creencias y práctica no es común, no solo es de gobernantes, políticos y empresarios, pero estos tienen un compromiso mayor, al menos ético, de obrar según sus creencias religiosas. Están, además, expuestos ante el resto de ciudadanos.

¿Cuánto le durarán a Trump sus palabras de recibimiento a su Papa compatriota, un Papa que en su vida religiosa ha defendido también al migrante y al pobre?

Y que el Papa no defienda la paz, porque hasta ahí llegará su aceptación entre tantos de nuestros políticos que claman por la violencia.

Recordemos al presidente argentino Milei, que llamó imbécil a Francisco y lo denominó “representante del maligno en la Tierra”. No tardarán los nuestros de irse contra León XIV o burlarse de lo que anuncie.

Como el que reza y peca empata, no hay problema. Todos salvados.

Maullido: Name y Calle representan lo que es buena parte de nuestra clase política: una manada de corruptos.

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