Siempre resultará
fastidiosa, por la inequidad y la injusticia que encierra, la pelea de los
grandes poderos económicos para que no suba mucho el salario mínimo. Un
discurso de doble moral, porque nada dicen ante los escandalosos aumentos de
riqueza de empresarios e inversionistas.
Claro, este es el summun
del capitalismo, la aspiración, la meta: tener mucho así la mayoría tenga poco
y por eso la lista periódica de los más ricos del mundo y del país genera
admiración y grandes titulares en los medos sin siquiera una pizca de duda
sobre todo lo que eso conlleva.
Quienes ganan un mínimo o
menos dependen de ingresos y no pueden planear el futuro. ¿Qué pasa si no
tienen dinero antes del próximo cheque?, se pregunta Ingrid Robeyns, jefa de
ética en la Universidad de Utrecht en su libro Limitarismo, el caso contra la
extrema riqueza.
Este año las utilidades
del sistema financiero del país fueron (hasta hace un mes) de $127 billones,
superior a los $96 billones del mismo mes de 2024, más de $30 billones más.
Los 3000 empresarios,
inversores y herederos más ricos en Colombia acumulan US$16.1 billones. No solo
hay más ricos hoy, sino que han acumulado más fortuna. Los seis más ricos
acumulan 38.100 millones de dólares. Entre ellos tres de la familia Santo
Domingo, que heredaron mucha parte de sus fortunas.
Para esos no hay límite ni
ético ni moral y se ponen de ejemplo. El problema es el aumento para los
asalariados, que no pueden ganar mucho porque el sistema está hecho para eso:
para favorecer a unos sobre las mayorías.
Sí, que se aumente poco
para que sigan las grandes ganancias de las empresas y entidades.
Recordemos que esta sola
década, en 2020 y 2021 hubo aumentos del mínimo de solo 6 y el 3.5 % porque se
afectaba la economía, como siempre aducen quienes detentan el poder económico
(muy relacionado o incluso simbiótico con el poder político).
Apenas en el actual gobierno
el incremento del mínimo ha estado sobe más del 10 % sin que se haya acabado la
economía ni hayamos entrado en una fase de desajuste económico.
El Nobel de Economía 2021,
David Card, demostró empíricamente, con su estudio sobre el salario mínimo en
el sector de comida rápida de dos ciudades junto a Alan Krueger,
que aumentar el salario mínimo no necesariamente genera desempleo, hecho que puso
en entredicho la teoría neoclásica y, además, generando un nuevo enfoque en el
estudio de causa-efecto en la economía, con la salvedad de que en algunos
contextos el aumento muy alto del mínimo puede tener efectos negativos, según
se desprende de sus análisis. Pero de nuevo hay que preguntarse ¿cuáles efectos
negativos?
En el país la pataleta de
gremios y empresarios se repite cada año, aunque olvidan, como dijimos, lamentarse
cuando algunos obtienen ganancias que bien pueden considerarse inmorales.
Es muy diciente que en los
gobiernos de derecha y extrema derecha -que han sido casi todos los que hemos
tenido- la protección a las empresas ha primado (no solo con incrementos bajos
del mínimo, sino con algo igualmente aterrador: la exención de impuestos para
los más pudientes).
Solo en el actual, el
primero progresista, ese aumento ha sido más fuerte, sin que se haya alterado
la economía ni aumentad el desempleo, otra excusa que se esgrime para que no crezca
mucho el mínimo.
Una fastidiosa,
inequitativa y frustrante ley del embudo. Peligrosa también.
Maullido: Paloma Valencia
dizque moderada. Buen chiste.
Nota: por fin de año, esta columna no aparecerá el próximo 2 de enero. Esperamos retornar el 9 de enero. A todos los lectores, que tengan un año 2026 llevadero y con salud.

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