Es muy probable que nunca se sepa si el expresidente Andrés Pastrana
participó en las fiestas de pederastia infantil del millonario Jeff Epstein,
pero no quedan dudas de que viajó en el famoso avión con él, el Lolita Express
y que tuvo una relación demasiado cercana -cómplice- con la asistente,
Ghislaine Maxwell.
Tantas menciones en los archivos liberados por el Departamento de
Justicia de Estados Unidos no pueden prestarse a otras deducciones. El
expresidente no ha dicho la verdad y como el señor Epstein se suicidó y su
asistente mantiene votos de silencio carcelarios, quién sabe si otro
participante hablara de las andanzas de Pastrana en esa trama criminal.
En el Reino Unido encerraron e investigan al ex príncipe Andrés, por su
cercanía con Epstein; el ex embajador británico en EEUU, Peter Mandelson no
solo renunció, sino que fue detenido; el exprimer ministro de Noruega, Thorbjon
Jagland, fue imputado por estar en esos archivos e intentó suicidarse; el
director del foro de los billonarios de Davos, Borge Brende, tuvo que dimitir
por lo mismo; Larry Summers, exsecretario del Tesoro de EEUU y profesor de Harvard,
Larry Summers, también dimitió.
La cadena de salpicados es mucho grande y les ha costado sus puestos. A uno de
los únicos que parece que le resbala todo es a Pastrana.
“Tanto a mi esposa, hijas y nietas como a la opinión pública les he
dejado siempre en claro que nunca tuve conocimiento ni relación alguna con los
horribles delitos que hoy son justo motivo de escándalo mundial”, dijo Pastrana
en red social. Pero no, señor, no ha aclarado lo sucedido. Es más, cada vez hay
más inquietudes sobre su comportamiento, porque entre otras, se ha contradicho
en distintas declaraciones y los mensajes revelados sugieren un tono que puede sobrepasar
la simple amistad.
No ha respondido, tampoco, una sola de las 20 preguntas que le
formularon un grupo de periodistas, escritoras y abogadas colombianas.
Poner por delante a sus hijas y nietas aumenta las suspicacias, pues esa
excusa es de las que más usan quienes han cometido distintos delitos como para
que dejen de acusarlos.
No solo es su posible relación con los casos de pederastia infantil,
sino el uso de recursos públicos para la visita de su amiga Maxwell al país y la
inquietante cacería de terroristas a bordo de un helicóptero militar, cuya
veracidad niega Pastrana pero que reveló su amiga en viejas declaraciones. Ella
contra él, ¿a quién creerle?
Se ha amparado también, como denunciaron las periodistas y abogadas, en
el pacto de silencio de la prensa tradicional, que renunció a su obligación
periodística para proteger a quien no lo merece. Las excepciones a ese pacto son
pocas y revelan el talante actual de la gran prensa, defensora a ultranza de
los poderosos.
Asusta también el silencio de los organismos judiciales, pues existen
elementos para llamar cuando menos a interrogatorio al expresidente.
De esperar que los periodistas y medios no vinculados al pacto de
silencio y la ciudadanía en general no olviden el caso. Y tal como en otros
países viene ocurriendo, insistan en la necesidad de que los vinculados -Pastrana
en nuestro caso- cuenten más lo sucedido y de que la justicia actúe. Aparte, deberían
seguir hurgando no solo en los archivos sino con las víctimas declaradas de Epstein
a ver si recuerdan a un tal Andrés Pastrana, expresidente de Colombia.
Maullido: terrible la derechización de los principales gobernantes en
Antioquia. No guardan recato siquiera.

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