Las madres en Somalia caminan largos trechos con sus hijos en busca de ayuda humanitaria. Foto UN
El niño, de tres años y medio de edad, se pegaba al vestido de su madre
mientras caminaban bajo el ardiente sol en busca de un campamento donde los
auxiliaran. Pedía comida y agua. No tenía nada para darle. “Lo enterramos y
seguimos” el viaje, dijo ella, Hirsiyo Mohamed, en The New York Times.
Somalia enfrenta la peor sequía en cuatro décadas, el hambre es el pan
de cada día. Allí, en Kenia y Etiopía 20 millones enfrentan alto riesgo de inanición.
Pero es solo la punta de un problema global. Por la guerra de Rusia en
Ucrania, el cambio climático y la Covid-19, el hambre hace de las suyas en todo
el planeta.
Hay protestas en Sri Lanka, Indonesia, Perú, Pakistán, también en Chad y
Malí. Recuerdan la gran hambruna de 2008 y los enfrentamientos en 40 países de personas
en busca de alimento.
Hoy una de cada tres personas en el mundo vive sin una alimentación
adecuada. El problema no es cíclico, es sísmico de acuerdo con la fundadora etíope
de Gro Intelligence. ¿Cuántos morirán? No se puede afirmar, pero unos 20
millones (40 % de la población de Colombia) no parece descabellado. Morirán en
silencio, sin grandes titulares de prensa.
Aquella guerra afecta al 12 % de las calorías mundiales que suministran
esos dos países, según el mismo diario.
Al déficit de alimentos hay que agregar la creciente inflación. Y entre
los más pobres, los problemas económicos significan dejar de comer.
Por la pandemia los recursos se han destinado a otros frentes. Ahora
habrá que repartirlos también con la devastada Ucrania.
No escapa Colombia, donde la FAIO advirtió el año pasado que 7,2
millones de personas podrían tener dificultad para acceder a los alimentos
necesarios para su subsistencia. En 2015 la Encuesta Nacional de Situación
Nutricional (ENSIN) mostró que 54,2 % de los hogares tenían dificultades para
acceder al alimento. Y la encuesta Pulso Social del Dane expuso que el número
de colombianos que consumía menos de tres comidas diarias subió a 37 % en mayo
de 2021, bajando luego a 29 %.
El 39,3 % de los colombianos está en pobreza monetaria (subsisten con
354 000 pesos, que no cubren sus necesidades) y 7,4 millones subsistían en 2020
con solo $145 000 al mes.
David Beasley, director del Programa Mundial de Alimentos, sostuvo que
este y el próximo serán años críticos, pero lo dijo antes de los nuevos hechos.
Antes de la guerra, 800 millones de humanos tenían hambre.
Dice que hoy 323 millones están en camino a la inanición y 49 millones
están al borde de la hambruna, es decir a punto de morir. Antes del conflicto en
Ucrania, eran 276 millones y 135 antes de la pandemia.
La situación empeoró de manera dramática.
En 2023 podría ser más grave, no habrá la cosecha de Ucrania y el precio
de los fertilizantes se habrá disparado. Este representa un tercio de los
costos del agricultor. China e India, los grandes productores de trigo, tienen
las peores cosechas por asuntos climáticos y la falta de lluvia amenaza otros
países productores del grano como Estados Unidos y la región del Beauce en
Francia. Y los pronósticos sugieren que la sequía en el Cuerno de África podría
prolongarse.
Los datos de Gro Intelligence dicen que hay 1100 millones en extrema
pobreza y más de 1600 millones de personas con inseguridad alimentaria.
El PMA atiende hoy 125 millones y a lo sumo podrá ampliar a 150 millones
en los próximos meses.
Chris Barrett, economista de la Universidad de Cornell, reveló que hay
un gran exceso de mortalidad en el sur de Madagascar, Sudán del Sur, Yemen,
Somalia y Afganistán (donde en el invierno, según otro informe, murió uno de
cada 10 bebés).
Una crisis humanitaria sin precedentes frente a la cual no se hace todo lo necesario y nada indica que se contendrá pronto. Millones están condenados a morir en los próximos meses.


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