Trabajen vagos o para qué
no trabajaron y ahorraron. Estas palabras expresadas en redes sociales por
personas faltas de empatía y un elevado sentimiento clasista para desvirtuar la
intención del gobierno de Gustavo Petro de entregar un bono de $500 000 a tres
millones de adultos mayores que no obtuvieron pensión por diferentes razones,
suenan huecas y quedan en el vacío así produzcan rabia.
Son tres millones de
adultos que viven en la pobreza o en la pobreza extrema, terminando mal sus últimos
años o días, llenos de necesidades. Y más allá de enunciar este sentido
problema social que se vive a lo ancho y largo del país, con ancianos
trasnochando y mojándose en las calles o aguatando sol y hambre para tratar de vender
un dulce y ganarse el sustento, vale preguntarse si es posible entregar ese
bono y si servirá para algo.
De dónde se sacará el
dinero es otro tema, sobre el cual se pronunció el mismo Presidente, asunto que
con seguridad motivará discusiones cuando se presente la cacareada (hace años)
reforma pensional al Congreso. De modo que no nos adelantemos todavía (entre
otras para no seguir escuchando voces disonantes y groseras de quienes hoy lo
tienen todo y creen que los ancianos no tienen derecho a terminar bien su vida
porque por x o y motivo no pudieron cotizar a pensiones o lograr el monto o el
tiempo requeridos).
Vayamos entonces al caso
de Estados Unidos, país tan preferido por quienes denigran de la posibilidad
del bono. En estos días hubo algunas noticias al respecto, contadas por The New
York Times y que revelan que dar ayudas a personas necesitadas sí reduce la
pobreza.
Fue Michael Tubbs, cuando
fue alcalde de Stockton, California, quien en 2016 propuso y logró darles un
pago continuo de 500 dólares a 125 residentes pobres, durante dos años. Este
asunto de los ingresos garantizados lo aprendió en la Universidad Stanford, como
la mejor forma de cerrar la brecha de riqueza y permitir que esas personas
tuvieran la oportunidad de vidas más estables.
El ejemplo caló. California
destina 35 millones para ayudar en esos programas de ingresos. Los Ángeles comenzó
a dar US$1000 dólares mensuales a 3200 familias de bajos ingresos, un piloto
que durará un año. Oakland da a 600 familias 500 dólares mensuales, mientras
San Diego lo hace con familias pobres con hijos.
Hoy en todo Estados Unidos
hay más de 48 de esos programas.
La otra noticia es que los
últimos datos dicen que la pobreza infantil cayó 59 % desde 1993,
beneficiándose los niños en todos los estados, desde hispanos a asiáticos y
negros. Todos.
La principal razón: la
expansión de las ayudas gubernamentales, como los créditos por impuestos, las
estampillas para alimentos y otros.
Vale aclarar que en 1996
Bill Clinton endureció la entrega de ciertas ayudas federales, condicionándolas
a personas que trabajaran, pues antes eso no importaba. Aun así, muchas familias
salieron adelante, en particular las de madres solteras que consiguieron empleo
y obtuvieron los beneficios.
En algunas ciudades
empresarios se unieron al programa donando dinero para alimentarlo, de modo que
confluyeron recursos públicos y privados.
Es claro que entregar esta
clase de ayudas mejora la vida de las personas. En Stockton se encontró que
aumentó la tasa de empleo entre quienes resultaron beneficiados.
Lo que propone Petro es un
caso de justicia social, comenzando ahora con los ancianos. Y creo que se deben
reformar y reforzar los otros programas que otorgan ingresos garantizados a otros tipos de personas en los niveles de pobreza como modo de ayudarles, de insertarlos en la
economía formal y de mover de paso la economía, buscando formas de que no se convierta en fomento al desempleo.
Creo que los vagos, al
menos los vagos mentales, son otros.
Maullido: nadie puede
afirmar que la minminas Irene Vélez haya cometido errores técnicos en su
cartera. Se pegan de banalidades opositores con escaso conocimiento.

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