Primero fue la pandemia
por Covid-19, luego la guerra de Rusia contra Ucrania y ahora las condiciones
climáticas en varios países empobrecidos son ejemplos claros de las amplias
posibilidades de que en un futuro se genere un enorme estallido social en los
países del llamado sur, que provoque la reacción desenfrenada de los del norte.
El Programas de Naciones
Unidas para el Desarrollo reveló que 71 millones de personas llegaron al nivel
de pobreza desde que comenzó la guerra en Ucrania. Hoy más de 700 millones de
humanos son pobres y aguantan hambre.
Por Covid-19, 163 millones
cayeron en la pobreza y 8,1 % de humanos trabajan por US$2.15 al día, que es la
línea de pobreza extrema.
En Nigeria las lluvias
destruyeron unos 200 000 hogares y 1.4 millones de personas fueron desplazadas
por la tragedia. Más de 600 han muerto.
En la frontera sur de
Estados Unidos más de 150 000 venezolanos e han agolpado este año en busca de
asilo para rehacer sus vidas, luego de haber superado, muchos de ellos, la
travesía por el espantoso Tapón del Darién, una travesía regada de cadáveres en
donde cientos de sueños se han hundido en el pantano.
En Nueva York, 12 700
migrantes han sido recibidos en los albergues temporales, pero la cifra total
es de 18 600 llegado a esa ciudad desde abril, quedando a la espera de la concesión
de asilo y a una vida incierta, muchos sin tener familiares ni conocer el
idioma.
Grecia y Turquía dieron al
mundo un triste espectáculo esta semana ‘chutándose’ 92 migrantes hallados
desnudos, un hecho de extrema crueldad rechazado por la agencia de Naciones
Unidas para los refugiados. Provenían de Afganistán y Siria.
Por la guerra, más de 6.2
millones de ucranianos han dejado su país y aunque muchos han encontrado casa
temporal en otros países, no se sabe qué sucederá de continuar la migración
generada por el terror ruso.
Sí, el mundo está más
pobre. Las guerras intestinas en países africanos, la de Ucrania, el retroceso en
Afganistán tras el regreso de los talibanes al poder, las injusticias en
Latinoamérica, la represión en Irán, los terribles ciclones del Caribe y la
región asiática, más el clima inclemente con inundaciones severas en Nigeria y
Pakistán y sequía extrema en países como India, han forzado a millones a salir
de sus lugares de residencia. Muchos de ellos hacia otros países vecinos o
hacia el soñado espejismo del mundo desarrollado.
En 2021, casi 200 000
ilegales cruzaron las fronteras de la Unión Europea, un aumento del 57 % en comparación
con 2020, de acuerdo con el InternationalCentre for Migration Policy
Development.
Continúan en aumento las
llegadas de personas del norte de África, así como de Somalia, Pakistán y Bangladesh.
La gente huye, pero
todavía es controlable por los países del norte, en donde gobiernos y
ciudadanos cada vez endurecen más el ingreso. ¿Qué pasará el día en que migren
por cientos de miles a la vez? ¿Cómo los controlarán? ¿A punta de armas?
Nada indica que no pueda
suceder. El mundo industrializado anda ensimismado en sus serios problemas
económicos y se encierra cada día más, la atención al sur no es la requerida.
Crecen las desigualdades y el hambre. Continuarán los climas extremos por el
cambio climático.
Esos cuadros dolorosos que
muestran los videos y fotografías de familias embarradas en el Darién con sus
hijos de meses o pocos años con la mirada triste y perdida en la vastedad de la
selva; esos cuerpos ahogados, tirados en las playas europeas; esas filas para
recibir un poco de alimento en pobres regiones africanas. Todas estas imágenes,
tengámoslo por seguro, no van a desaparecer en poco tiempo.
Una hecatombe sin
precedentes. Siglo 21.

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