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Cuando esta bomba explote

Hoy 3.5 % de la población mundial es migrante. Cada año aumenta. Foto Wikipedia
 

Primero fue la pandemia por Covid-19, luego la guerra de Rusia contra Ucrania y ahora las condiciones climáticas en varios países empobrecidos son ejemplos claros de las amplias posibilidades de que en un futuro se genere un enorme estallido social en los países del llamado sur, que provoque la reacción desenfrenada de los del norte.

El Programas de Naciones Unidas para el Desarrollo reveló que 71 millones de personas llegaron al nivel de pobreza desde que comenzó la guerra en Ucrania. Hoy más de 700 millones de humanos son pobres y aguantan hambre.

Por Covid-19, 163 millones cayeron en la pobreza y 8,1 % de humanos trabajan por US$2.15 al día, que es la línea de pobreza extrema.

En Nigeria las lluvias destruyeron unos 200 000 hogares y 1.4 millones de personas fueron desplazadas por la tragedia. Más de 600 han muerto.

En la frontera sur de Estados Unidos más de 150 000 venezolanos e han agolpado este año en busca de asilo para rehacer sus vidas, luego de haber superado, muchos de ellos, la travesía por el espantoso Tapón del Darién, una travesía regada de cadáveres en donde cientos de sueños se han hundido en el pantano.

En Nueva York, 12 700 migrantes han sido recibidos en los albergues temporales, pero la cifra total es de 18 600 llegado a esa ciudad desde abril, quedando a la espera de la concesión de asilo y a una vida incierta, muchos sin tener familiares ni conocer el idioma.

Grecia y Turquía dieron al mundo un triste espectáculo esta semana ‘chutándose’ 92 migrantes hallados desnudos, un hecho de extrema crueldad rechazado por la agencia de Naciones Unidas para los refugiados. Provenían de Afganistán y Siria.

Por la guerra, más de 6.2 millones de ucranianos han dejado su país y aunque muchos han encontrado casa temporal en otros países, no se sabe qué sucederá de continuar la migración generada por el terror ruso.

Sí, el mundo está más pobre. Las guerras intestinas en países africanos, la de Ucrania, el retroceso en Afganistán tras el regreso de los talibanes al poder, las injusticias en Latinoamérica, la represión en Irán, los terribles ciclones del Caribe y la región asiática, más el clima inclemente con inundaciones severas en Nigeria y Pakistán y sequía extrema en países como India, han forzado a millones a salir de sus lugares de residencia. Muchos de ellos hacia otros países vecinos o hacia el soñado espejismo del mundo desarrollado.

En 2021, casi 200 000 ilegales cruzaron las fronteras de la Unión Europea, un aumento del 57 % en comparación con 2020, de acuerdo con el InternationalCentre for Migration Policy Development.

Continúan en aumento las llegadas de personas del norte de África, así como de Somalia, Pakistán y Bangladesh.

La gente huye, pero todavía es controlable por los países del norte, en donde gobiernos y ciudadanos cada vez endurecen más el ingreso. ¿Qué pasará el día en que migren por cientos de miles a la vez? ¿Cómo los controlarán? ¿A punta de armas?

Nada indica que no pueda suceder. El mundo industrializado anda ensimismado en sus serios problemas económicos y se encierra cada día más, la atención al sur no es la requerida. Crecen las desigualdades y el hambre. Continuarán los climas extremos por el cambio climático.

Esos cuadros dolorosos que muestran los videos y fotografías de familias embarradas en el Darién con sus hijos de meses o pocos años con la mirada triste y perdida en la vastedad de la selva; esos cuerpos ahogados, tirados en las playas europeas; esas filas para recibir un poco de alimento en pobres regiones africanas. Todas estas imágenes, tengámoslo por seguro, no van a desaparecer en poco tiempo.

Una hecatombe sin precedentes. Siglo 21.

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