A solo dos meses largos del nuevo gobierno que dirige Gustavo Petro vale
preguntarse si son tan ciertas las afirmaciones de líderes y ciudadanos opositores
de que se está gestando un desastre sin precedentes en distintos frentes.
¿Habrá caos económico, como sugieren por la reforma tributaria en
discusión? ¿Se irán las inversiones, cerrarán empresas y volarán al extranjero dineros
y empresarios?
Para responder, lo primero es recordar que el ministro de Hacienda, José
Ocampo, es un dirigente curtido respetado en distintos escenarios e
instituciones internacionales. No es ningún aparecido
Segundo: resulta curioso que las voces más altas y a veces disonantes
provengan de quienes más tienen y de empresarios que han recibido incontables
beneficios tributarios de varios gobiernos.
Todo este ruido sobre este y otros temas, de gran despliegue mediático, busca
que no se vea lo que ha hecho el gobierno en estos dos meses largos y crear la
sensación de vacío y de salto suicida.
Pero no, en estas semanas sí ha habido avances. No solo los trámites en
el Congreso de leyes necesarias e inaplazables como la reforma política, la
prohibición de corridas de toros y peleas de gallos, más otras que nadie había
querido abocar, como la legalización del uso recreativo de la marihuana.
Miremos que al fin salió Escazú, que Iván Duque y el Centro Democrático
sabotearon varios años, pese a que aquel se promocionaba en el campo
internacional como un decidido defensor del medio ambiente. Una ley que
protegerá más nuestros recursos naturales y a los líderes que los defienden.
Avanza la llamada paz total, que recibió el apoyo de la OEA y del
Consejo de Seguridad de la ONU, haciendo ya curso en el Congreso la reforma a
la ley de orden público, y comenzarán los diálogos con el Eln a ver si se le
reducen cargas a la multiforme y deforme conflictividad colombiana.
Se activa el Acuerdo de Paz en un punto clave como la Reforma Rural
Integral, gracias al compromiso firmado con la Federación de Ganaderos para
comprar tres millones de hectáreas, así reste definir mecanismos para la compra
(de dónde saldrá el dinero) y qué tierras son útiles. Uno de los puntos más
importantes en las promesas del gobierno.
En ese sentido, se logró la titulación de 681 372 hectáreas con 11 200
títulos para 10.800 familias de comunidades indígenas, campesinas y
afrodescendientes.
Además, se reactivaron las comisiones para implementar el acuerdo.
Aunque es pronto para cantar victoria, septiembre fue el mes con menos
líderes asesinados y 20 grupos ilegales están interesados en la paz total.
Se reanudaron relaciones con Venezuela y se reactivó la frontera. Y en
otras acciones de beneficio general, se redujo el precio de fertilizantes y de
muchos medicamentos. Asimismo, se reducirá el valor de la energía mensual que
ahorca a los colombianos.
Y se podría seguir. Si bien hay temas por concretar (petróleo, entre
otros) y declaraciones que aún se hacen a la ligera, se nota la voluntad de
cambio, de favorecer a los más necesitados y de enfrentar asuntos que nadie
quiso tocar.
Obvio esos nuevos aires no son del gusto de políticos y de ciudadanos
que no entienden que las épocas cambian, que conceptos e ideas se van remplazando
por otras y que así ha sido siempre, esta vez en favor de esa gran parte de la
población excluida.
Claro, en el caso colombiano ha habido retrasos por el pensamiento
unanimista y avasallante (no unánime) que nos rigió durante tantas décadas.
Ideas muchas veces enclaustradas en conceptos y creencias religiosas que
se esgrimen a conveniencia, como en la marihuana, en tradiciones que van
perdiendo sentido, así como en la tozudez derivada de sentirse huérfanos del poder.
No, cosas sí se han hecho. E importantes. La tal debacle nacional no la
percibo por ningún lado.
Maullido: difícil aceptar que Empresas Públicas de Medellín haya caído
tan bajo.

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