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El triste espectáculo electoral

La abstención en estas elecciones ha sido alta, pese a la corrupción electoral. Foto Wikipedia
 

Una vez más el proceso electoral para gobernadores y alcaldes, Asambleas y Concejos en Colombia es deprimente, un espectáculo barato que se repite cada cuatro años. Un circo con malos actores.

Sin partidos fuertes y con una proliferación de movimientos de toda clase, aparecen en escena candidatos de toda estirpe, desde los de mala reputación hasta los que son desconocidos casi que hasta en su casa.

Sugiere esta explosión de candidaturas que el negocio tiene que ser muy bueno. Lucrativo. Eso de la vocación de servicio pocos se lo tragan, aunque claro que algunos pocos sí la tienen.

Es tal el gasto en las campañas que algo debe dejar al final si se es elegido. No solo en dinero (que lo habrá seguramente bajo distintas formas) sino en favorecimiento de contratos, nombramientos y otros.

Lo vimos por ejemplo con la denuncia del diario El Espectador: el seguro alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, fue en su pasada gestión muy generoso con quienes le aportaron a la campaña. Desde el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo.

Surgió además en redes sociales la denuncia de que entre los aportantes a la campaña del candidato a la Alcaldía de Bogotá, Carlos Fernando Galán, hay varios constructores. Así, tin Marín de do pingue… O, si lo quiere, piedra, papel o tijera.

Ha sido reiterado por ejemplo en Sabaneta, pequeño municipio del sur del Aburrá, conocido por su urbanización desbordada (no les falta sino autorizar edificios en el parque principal) que los urbanizadores pongan alcalde con grandes aportes y trashumancia de votos, dinero que con creces se recupera con la aprobación de licencias de construcción.

Sí, eso debe ser muy bueno. Lo demuestran además tantos políticos tradicionales cuestionados, como la familia Char en Barranquilla, que volverá a repetir Alcaldía. Y ya se sabe cómo manejan ellos la cosa pública, denuncias documentadas con amplitud en medios y ahora en un problemático libro de Laura Ardila, La costa nostra. Sí, una mafia.

Aunque en estas elecciones ha sido alta la abstención, en muchas regiones y municipios aprovechan los politiqueros para pagar por los votos y asegurar su elección, fenómeno común en departamentos de la costa norte para citar un caso muy conocido.

Todo esto ejemplifica la carencia de una verdadera cultura política. Los partidos políticos tradicionales no tienen peso, se han dividido en minúsculos grupos y al haber estado siempre del lado de los poderosos y contra el ciudadano de a pie, no convocan como antes. Tanto que ni sus dirigentes conocen cuáles su ideario e ideología.

Por eso hay candidatos que han desfilado por movimientos en polos opuestos, como coleccionado banderas.

Movimientos y grupitos apadrinados con frecuencia por los partidos tradicionales, que forman alianzas en busca de asegurar una burocracia de la cual parasitan.

En esta debilidad partidista está una de las razones por la cual el país no avanza con la requerida celeridad, porque no hay compromiso serio de los grupos y tampoco a quién exigirle cumplimiento.

O sea, esta es una verdadera feria electoral con toda clase de atracciones, parafernalia, regalos y promesas irrealizables y captación de ingenuos que seguirán dándoles los votos a personajes que solo buscan su beneficio, como lo experimentó por ejemplo Medellín son su último alcalde, o cuya conducta deja mucho que desear.

Todo esto sin profundizar en las vergonzosas campañas en distintos lugares, con enfrentamientos vulgares entre candidatos y prácticas casi delincuenciales.

Maullido: no quedan dudas de que Israel es un Estado genocida y el sionismo su combustible. Criminal lo que están haciendo en Palestina.

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