Nada más peligroso que una Constituyente con el panorama actual del país
y un establecimiento envalentonado oponiéndose a todo lo que provenga del gobierno
Petro.
Puede ser cierto, aunque es discutible, que haya situaciones y hechos
que deben quedar en la Carta Magna, pero no es el momento para esas
discusiones.
Ala propuesta de una Asamblea Constituyente que hizo Petro, respondió
una de las figuras del establecimiento y de los partidos políticos cuestionados
por su apoyo a la corrupción, Germán Vargas, pues lo ve como una oportunidad
para imponer mayorías.
Es que no vengamos con cuentos. El de Petro es el primer gobierno de
izquierda o progresista y se logró no solo por el cansancio de la gente con la
forma tradicional de gobernar al país, sino por quien es Petro, la única figura
progresista que podía asomarse a la Presidencia. Sus compañeros de la Colombia
Humana no tienen ni el cariz ni el alcance y mucho menos la preparación que él
poseía.
No nos digamos mentiras: este país es de derecha todavía, tradicional,
rezandero. Por más que se quiera hacer notar que hay mucho joven de izquierda,
no son la mayoría tampoco.
Es un peligro una Constituyente. Está fresco, y duele mucho aún, el
referendo por la paz y el No conseguido a punta de mentiras que millones de
colombianos se tragaron. ¿Es diferente hoy? No. Y menos con casi todos los medios tradicionales contra el gobierno, tergiversando e inventando.
Y me asusta el solo pensar de que esa derecha asuma el papel activo de
una Constituyente para plasmar su pensamiento en la Constitución. No vería imposible
que estableciera en la Carta la prohibición explícita al aborto, o que
cercenara derechos que ha ganado el ciudadano como la tutela, que en varias
ocasiones han pedido limitar algunos de estos dirigentes.
¿Qué tal que quedara escrita la prohibición de diálogos de paz sin que
haya un gran castigo para quienes deseen salir de la ilegalidad? O que decida acortar el periodo del actual gobierno.
No son pocos los derechos y avances logrados en la Constitución del 91 que
no son del gusto, hoy, de esa derecha que se ha corrido al extremo, como la protección ambiental. Es más, tanto es
el odio que les genera Petro que serían capaces de cualquier cosa para evitar un futuro gobierno progresista o de izquierda.
La Constituyente no es necesaria. De tener mayorías, que como expongo lo
dudo mucho, el gobierno, que se ha mostrado tan intransigente, estaría tentado
también a plasmar en la Constitución el ideario de esas reformas que tanta
resistencia generan y otros asuntos sociales y económicos que podrían enardecer más los ánimos de la derecha.
Hay modos de avanzar en esos temas cruciales y otros. No están cerradas las
puertas para mejorar la salud, las condiciones laborales y cimentar el cambio
en pensiones. Se puede actuar con celeridad en la reforma agraria y la entrega
de tierras a los campesinos, y para darle un impulso tremendo a la educación,
que debe ser la base de cualquier intento por cambiar este país confesional e
ignorante, con ideas ancladas en el siglo 19.
Si la Constitución del 86 era para ángeles, la del 91 es para humanos y
en vez de pensar en darle un revolcón sería mejor comenzar a aplicarla a cabalidad,
porque no se ha hecho. Debería ser defendida con ahínco por el gobierno del ciudadano de a pie.
Y si el presidente Petro insiste en confrontar a todo el mundo y cazar
peleas a diestra y siniestra y se olvida de que apenas le quedan dos años de
gobierno, tal vez este sea el primero y último progresista en mucho tiempo y
nada impedirá que una mayoría de derecha asuma y tumbe de un pupitrazo tantos
derechos ganados en el 91.
Maullido: Que Mancuso es un delincuente y lo quiere enlodar, y se
olvidan que el mismo Uribe recurrió a criminales en su mandato para enlodar a sus
enemigos políticos.

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