De nuevo ha salido a flote
la doble moral de la derecha y demás miembros del establecimiento, ahora con
los casos de corrupción en el gobierno Petro.
Lo primero que hay que
decir es que toda denuncia se corrupción no puede quedar en el aire y se debe
investigar a fondo. Y lo segundo es que a la derecha no le ha sido fácil
asimilar, mejor dicho, no ha asimilado que luego de décadas ya no es gobierno,
y tampoco lo ha asimilado esa parte del país tradicional y confesional sometida
siempre a los designios de los partidos que siempre han mandado la política y
los gobiernos.
Esa derecha se ha valido
de toda clase de medios, éticos o no, para atacar al gobierno, incluso con
falsas acusaciones.
Las últimas semanas se han
denunciado hechos de corrupción serios en algunas dependencias del gobierno de
Gustavo Petro. Varias de ellas parecen contundentes y graves, como el entramado
de corrupción en la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres. Otras
menos sólidas como presuntas acciones indebidas en la recepción de dineros en
la campaña presidencial de Petro, pues hay varias versiones sobre el tema.
La idea ha sido atacar por
todos lados. Algo de eso queda, así no sea cierto. Recuerdo que el fallecido
astrónomo y escritor Carl Sagan escribió que con la tecnología actual, con la
televisión metida en todas las casas, más la falta de pensamiento crítico de la
inmensa mayoría, es fácil reestructurar la memoria social. Sí, hacer ver como
mal lo que no está y malo a quien no lo es. O bueno a quien tampoco lo es.
Los medios embrutecen con
su programación, limitan la capacidad de pensar de las audiencias, un problema
global creado como forma de dominación por las élites. No en vano en nuestro
país los grandes medios pertenecen al gran capital.
La corrupción, como la
violencia, han sido grandes flagelos de nuestra civilidad. La clase política en
general ha sido corrupta, bien apoderándose para sí o terceros de los dineros
públicos o favoreciendo sus propios intereses.
Que se esculque cada
rincón del gobierno Petro es lo correcto. Se extraña uno que no haya sido igual
con gobiernos anteriores, como en el caso del de Iván Duque, que tuvo serios
cuestionamientos y quedaron muchas dudas sobre ellos pues pasaron rápido en la
agenda mediática o no se les hizo seguimiento y se aceptó, así sin más, la
decisión de archivar cada caso por parte del amigo de pupitre de Duque, el mal
recordado Francisco Barbosa.
La ñeñepolítica nunca se
aclaró y hubo serios indicios de los aportes del narcotraficante Ñene a esa
campaña; los 70 000 millones de pesos que debían atender necesidades de los más
necesitados se abudinearon y se le echó tierra poco a poco; el robo de los
dineros para la paz, caso que solo registraron unos pocos medios.
Demasiado claro: los
medios y las élites gobernantes aceleraron el olvido de todos esos hechos. Hoy
es distinto: el interés es no dejar gobernar a Petro (que, dicho sea de paso,
tampoco se ha ayudado mucho con algunas decisiones e intervenciones).
La doble moral, el dolor
de ya no ser, la pérdida de privilegios a flote en este entramado mediático
sobre la corrupción. Una situación grave: a tal punto hemos llegado como país
que se escoge a cuáles corruptos denunciar y con cuáles callar.
Maullido: la forma de
elección de rector en muchas universidades públicas está mandada a recoger: es
una componenda que cada vez huele más feo.

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