No quedan dudas, al menos para la ciencia, de que los animales son seres
sintientes, incluso hasta en el plano de los insectos. Eso sería argumento más
que suficiente para haber prohibido las corridas de toros en el país, una
tortura considerada por los taurinos como arte.
Tras la ley que las prohíbe, se alborotó el avispero de taurinos, que
esgrimen toda clase de argumentos, deleznables en su mayoría, alegando que se
les coartó la libertad.
Como si hubiera libertad para maltratar animales. Nuestro país lo
prohíbe y si se mantenían las corridas era por un mal entendido concepto de
cultura en las cortes. Es que los tiempos cambian. Y como hubo circo romano
donde pobres humanos eran devorados por leones ante el festejo de los tendidos ávidos
de sangre, ya no es posible. Y uno a uno varios países han prohibido el mal
llamado espectáculo taurino en el que el toro es sometido a torturas hasta que
el torero decide darle muerte, fallando en no pocas ocasiones, provocando una
lamentable agonía de un ser vivo.
Acá ya se sanciona a quienes maltratan o matan animales. La prensa ha mostrado
casos recientes con gatos y perros, incluso con penas de cárcel para algunas
personas. ¿Por qué habría de ser diferente con los toros?
De niño veía que con caucheras se mataban pájaros y otras aves, como
también con rifles de aire. Hoy son situaciones inaceptables.
Recuerdo que hace unos años en Medellín los aficionados a las sangrientas
corridas reprodujeron textos de un supuesto investigador español (investigué y
no pude hallar un solo artículo científico suyo) en el que afirmaba que el toro
no sentía dolor y que mientras más herido estuviera, menos lo sentía. Agregaba,
en un extraño caso de preferencia divina, que Dios había creado a los toros
para ser toreados en plazas públicas.
Dicen los taurinos que se condenó a la extinción a la especie del toro
de lidia, que no es especie sino subespecie. Argumento flojo, pues nadie irá a
las haciendas a sacrificar todos los toros. Seguirán procreándose y sí, con el
tiempo cambiarán características, ante lo cual no hay que asustarse: es
situación común en la naturaleza con infinidad de especies. Y ninguna
desaparece, algunas se transforman.
Otra increíble justificación es que ahora los toros serán condenados al
horror del sacrificio en los mataderos municipales, como si la muerte bajo
cruel tortura en las plazas de toro fuera un mejor destino.
No han escatimado supuestas pruebas del daño que se hará con la
prohibición de las corridas. Dijo el ex torero César Rincón que se frustra a
niños y jóvenes que quieren ser toreros, como si eso fuera el gran problema y
no tuvieran más oportunidades en la vida. Infinidad de personas querían ser cierto
profesional en la vida y tuvieron que hacer otra profesión u oficio, vivir de
otra. Olvidan que los tiempos cambian y hoy hay oficios que antes fueron
valiosos y ya nadie se ocupa en ellos y no se generó ningún cataclismo
Hasta del lado económico se han pegado: que generará grandes pérdidas
decembrinas a ciudades que han insistido en la masacre de toros, como Manizales
y Cali. Es decir, para las autoridades y dirigentes de esas ciudades si no hay
toros es el acabose y no son capaces de innovar con otra clase de eventos que
generen retribuciones económicas para miles de ciudadanos y las mismas arcas
municipales. Se les nubló el mundo.
Hay ciudades que prohibieron las corridas hace años y no pasó nada.
Duitama las cambió por otros festejos. La que era plaza de toros de Medellín es
un centro de eventos frecuentes que convocan a multitud de venteros que también
obtienen ganancias con ellos.
Podríamos continuar, pero dejemos así, porque no he visto un solo
argumento de peso para defender la tauromaquia o el arte de torturar toros
hasta la muerte.
Maullido: lo duro es que a hoy no hay plan B para que el sector salud
salga de cuidados paliativos.

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