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Se perdió una oportunidad

 

Hace más de cuatro décadas que la política colombiana admite personajes cuestionados ética, moral y legalmente, tanto en instituciones como en el legislativo, en el plano nacional como en el regional y en el local. Foto de hace varios años en el Congreso.. Foto Wikipedia Commons


No todo vale en política, así muchos políticos y sus seguidores digan que sí. Claro que el nombramiento de Armando Benedetti como asesor de Gustavo Petro generó mucho ruido, tanto que el malestar se sintió hasta en el gabinete, así lo desmientan y así haya existido después un respaldo tácito a la decisión presidencial.

Se tragaron el sapo para defender al primer gobierno progresista, pero bien dijo Gustavo Bolívar, director de Prosperidad Social “Si no cambiamos la forma de hacer política, perdimos el tiempo”.

En los últimos 40 a 45 años, desde que el narcotráfico y luego el paramilitarismo permearon a los políticos y muchas instituciones, la forma se hacer política incluye el respaldo a personas de dudoso comportamiento: moral, ético y hasta legal. No crean que es gratuito que el Partido Cambio Radical sea el que más funcionarios elegidos por voto popular tenga hoy en la cárcel ni que el Centro Democrático lo siga junto a los tradicionales partidos Conservador y Liberal, que incluso condenados no pocos sigan siendo respaldados por sus jefes políticos.

Es más, en gobiernos como el de Álvaro Uribe Vélez funcionarios cuestionados caían de para arriba, una clara muestra de que quien hace los nombramientos está por encima de las instituciones.

Decía en redes sociales el caricaturista Matador que dejaran de ser tan moralistas, por el caso Benedetti, que así siempre se había hecho política, que esta es muy sucia y que además Benedetti ayudó mucho en la elección de Petro. Esto último es cierto, pero no fue el único ni a él solo se le debe la victoria. Entonces, ¿no hay otra forma de hacer política que no sea eligiendo y nombrando a personajes cuestionados?

Claro que la hay, aunque estoy lejos del pensamiento decente que propaga el excandidato Sergio Fajardo, pues se cree el único decente junto a los que él diga, además de que tiene también actuaciones cuestionables. No, no es él el paradigma. Es que se pregunta uno si dentro de la Colombia Humana, si dentro de la aglutinación de movimientos que es el Pacto Histórico no hay personas capacitadas para apoyar al presidente Petro, que conozcan además los tejemanejes de la política y del Congreso.

Se sabe que el presidente es tozudo y no confía en muchas personas, pero pone su modo de ser por encima de lo que debe ser un mensaje que cale entre los colombianos: no a la trampa, al comportamiento antiético y menos al ilegal.

Benedetti es el caso más reciente y tal vez impactante, pero el presidente ha respaldado a otros funcionarios sobre los cuales existen mantos de dudas, varios de ellos muy fundados, entre quienes están el director de RTVC, Hollman Morris; el cónsul en México, Andrés Hernández; o el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa.

Que todos los presidentes y partidos lo hagan, no debería ser espejo retrovisor para el progresismo, cuya intención es mantenerse en el poder conquistando de nuevo el apoyo electoral.

Llama también la atención, como ha ocurrido a lo largo de estos dos años de gobierno Petro ante cualquier movida presidencial, que la oposición, con rabo de paja, cuestione con gran alboroto la designación de Benedetti, cuando son representantes de movimientos y partidos, como vimos, que se han nutrido de personajes non sanctos para hacer política y gobernar desde hace casi 50 años, muchos de los cuales todavía tienen vigencia en el panorama político nacional y regional.

Si no, miremos el apoyo que dieron para Presidencia el fallecido Rodolfo Hernández, un candidato con demasiados cuestionamientos, tanto que al final de sus días fue sancionado.

Esa es la política en Colombia: acusa a los demás, así no seas ejemplo de nada.

Maullido: qué incapaz para administrar el departamento se ha mostrado el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón. Qué embutido nos metieron.

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