Ir al contenido principal

El asesinato de Sara tiene muchos culpables

 

A Sara Millerey la mató el odio y cada día miles de personas siguen asesinándola con sus comentarios transfóbicos. Foto tomada de red socia


Las personas trans no viven, sobreviven. Se les mira raro, se les hace el ‘fo’ como decían hace años las señoras, se les corre, cuando su único pecado es mostrarse y expresarse como lo que son.

Van 25 personas LGBTIQ+ asesinadas este año en el país, 15 de ellas trans, pero 33 en los últimos 16 meses, dice el diario El Tiempo. Fueron 159 homicidios contra esas poblaciones en 2023, según Colombia Diversa. Y no, no son hechos aislados: es una cadena de odio que recorre nuestra geografía y que se siente con mucha fuerza en Antioquia: Tierra de rezanderos, mojigatos, solapados y marrulleros, además de violenta contra quienes no comulgan con sus ideologías y creencias.

Pero en general es un odio auspiciado por una sociedad carcomida por el odio, que no respeta la diferencia, que desde sedes de gobierno, iglesias y recintos dizque donde se debate la democracia discriminan al otro y llaman a los demás a hacerlo.

Como si ser diferente les hiciera daño, como si vestir como les dé la gana los dañara, como si expresar quiénes son y qué sienten afectara a alguien, como si todo eso molestara al dios que muchos dicen seguir, un dios que parece que entonces les exige matar al diferente.

Duele demasiado como asesinaron a Sara Millerey, con el más terrible de los sufrimientos, duele como han asesinado a esas 33 personas. Y duele y molesta mucho que funcionarios, como el ruin secretario de Gobierno de Bello, José Rolando Serrano, se negara a reconocerla como una mujer trans, revictimizándola, y a reconocer que fue asesinada.

Asesinada Sara ante la indiferencia de todos, porque en este país unas mayorías no defienden derechos colectivos sino individuales, sus propios derechos e importa un comino lo que les pase a quienes consideran salidos de sus moldes y hasta celebran su suerte.

Un crimen atroz, como el de todas las personas trans asesinadas por ser como eran. Un crimen marcado con la mayor sevicia posible, al punto de grabar a Sara agonizante dentro de las aguas a las que fue arrojada, para que los propagadores del odio divulgaran el video en redes sociales y no quedaran dudas del horripilante mensaje.

Se pregunta uno entonces ¿por qué ese odio tan profundo que lleva a asesinar a un ser humano y a que otros aplaudan? Aterran tantos mensajes en redes sociales que cohonestan tal situación, que siguen despotricando de las personas trans y que se niegan a reconocer la diferencia, multitud de notas que envalentonan a tanto criminal, que refuerzan el mensaje de que son seres que no valen nada.

Algo tiene que ver en eso tanta negación de dirigentes, políticos y gobernantes (caso aparte el de toda clase de iglesias, que han hecho un daño inmenso a la sana convivencia con sus ideas y llamados excluyentes). Por eso, en el caso de Sara y otros similares, tanto silencio de los políticos y dirigentes de la extrema derecha.

Se llamaba Sara, tenía 32 años, solo 3 menos que el promedio de vida de las personas trans en Latinoamérica, informó alguien en la red X. Sí, menos de la mitad de la esperanza de vida a la que tiene derecho cualquier ciudadano de la región, porque el odio que desencadena en violencia no lo permite.

Como afirmó el portal Cuestión Pública en un reel en homenaje en la red Instagram, a Sara la mataron el odio y una sociedad llena de hijueputas.

No hay que agregar más.

Maullido: más atrasado y negligente que el gremio de taxistas no hay. Y quieren que los usuarios sigan en el siglo 20.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Salario mínimo: cómo aumentar la desigualdad

  La idea es que quienes ganen poco no ganen mucho más. Esa es la puja por el salario mínimo. Foto Public Domain Siempre resultará fastidiosa, por la inequidad y la injusticia que encierra, la pelea de los grandes poderos económicos para que no suba mucho el salario mínimo. Un discurso de doble moral, porque nada dicen ante los escandalosos aumentos de riqueza de empresarios e inversionistas. Claro, este es el summun del capitalismo, la aspiración, la meta: tener mucho así la mayoría tenga poco y por eso la lista periódica de los más ricos del mundo y del país genera admiración y grandes titulares en los medos sin siquiera una pizca de duda sobre todo lo que eso conlleva. Quienes ganan un mínimo o menos dependen de ingresos y no pueden planear el futuro. ¿Qué pasa si no tienen dinero antes del próximo cheque?, se pregunta Ingrid Robeyns, jefa de ética en la Universidad de Utrecht en su libro Limitarismo, el caso contra la extrema riqueza. Este año las utilidades del sistema f...

Lo que quiere Uribe

  Ceremonia religiosa con los restos de Juan Carlos Triviño. Foto JEP No podía estar más encartado Álvaro Uribe Vélez por el juicio que se le sigue por compra de testigos. Pero el viejo político nunca dejará de urdir algo para su beneficio. Vamos a ver lo que se trae. Ya apareció en un video, como está acostumbrando en la red X junto a generales retirados. Dijo que discutiendo la situación de violencia. Como es obvio que mira las elecciones de 2026, se aventuró también a afirmar que el año próximo hay que acabar con la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), ese ente que tanta roncha les causan a él y a sus seguidores y que fue caballito de batalla de Iván Duque. “Duerman, que yo los cuido”, decía cada noche Juan Carlos Triviño Villabón a su familia. Le decían Monstrico. Desapareció en 2014, cuando tenía 30 años, en Villavicencio. El pasado 21 de este mes, su familia en Zipaquirá pudo al fin recibir sus restos luego de 11 años de búsqueda. Un logro tras la medida cautelar de...

Medellín y el mar de su alcalde fantoche

  Así será el mar de Fico en una ciudad que siempre le ha dado la espalda al agua. Imagen de render, Alcaldía de Medellín. Con esa pose y esa voz entre medio camaján y nea, el alcalde de Medellín, Fico Gutiérrez, anunció sin sonrojarse que la ciudad tendrá su mar, porque “a nosotros no nos queda nada grande”. Será una inversión de decenas de miles de millones de pesos en el sector suroeste de la ciudad. Una enorme piscina con arena y olas. Una obra para ‘chicaniar’, como todavía decimos muchos. Extraño que el alcalde se interese por el agua, aunque esta obra tiene otra connotación. A la ciudad la atraviesan unas 250 quebradas, no pocas debajo de edificaciones y vías, pero con alguna parte descubierta. Como dijo hace poco el urbanista Alejandro Echeverri, retomando viejas ideas de otros planeadores, podrían ser parques y así cada habitante tendría uno a solo 10 minutos o menos de su casa. Mientras Medellín anuncia su mar, el río Aburrá-Medellín sigue corriendo sucio de sur a n...