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Un prontuario llamado Álvaro Uribe

 

Estado en que quedó el pequeño caserío de El Aro tras la incursión de paramilitares en 1997, en la que asesinaron a 15 inocentes campesinos. Por ese hecho se pide investigar a Álvaro Uribe. Foto Jesús Abad Colorado, tomada del Museo del Banco de la República


Nunca una persona de tan alto rango se había asociado a tan grande cantidad de crímenes o delitos. Esa persona es el expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Sí, acaba de ser absuelto por el Tribunal de Cundinamarca de la condena que se le había impuesto por soborno de testigos, caso que irá a casación, pero es sabido que este es el menor de todos los casos sobre los cuales hay dudas de su actuación.

Nada menos, a principios de octubre la jueza de Medellín, Claudia Marcela Castro pidió compulsar copias a la Fiscalía para que investigue si Uribe y su hermano Santiago tuvieron que ver con el homicidio de Jorge Eduardo Umaña y Jesús María Valle.

Es solo el último episodio jurídico que pide investigar al expresidente, cuyo rol en diversos hechos, por ser determinador o por omisión, ha estado en tela de juicio hace muchos años.

Exactamente 10 años atrás, la Fiscalía había solicitado a la Corte Suprema de Justicia investigar si Uribe estaba relacionado con la masacre de 15 campesinos en El Aro (Antioquia) en 1997, masacre a la que diferentes fuentes lo han asociado casi que desde que se perpetró el terrible asesinato de personas inocentes.

También se le ha asociado con las masacres de La Granja en Ituango (Antioquia) y San Roque. Fueron masacres cometidas por paramilitares y con estos siempre se ha relacionado al expresidente desde que su familia poseía la Hacienda Guacharacas en este último municipio.

Casi un dios para sus seguidores por la cacería que realizó contra las Farc en sus ocho años de gobierno y la protección de las clases más pudientes, Uribe no solo ha sido vinculado a masacres y el asesinato de líderes, sino a otros hechos delictivos como persecución a magistrados y periodistas, para no ir al más grave de todos los casos: los 6402 falsos positivos, casi todos en su gobierno, pues aunque hasta ahora no hay una voz que lo señale de manera directa como ordenador, siempre resultó extraño que no se hubiera enterado de esos crímenes sistemáticos que involucraron a las fuerzas del orden del Estado y muchas de cuyas víctimas fueron acusadas por él de ser terroristas de las Farc.

Pero el expresidente ha sido muy poderoso y es intocable en distintas esferas judiciales. En la Sala Penal de la Corte Suprema tiene al menos 28 procesos abiertos y más de 180 denuncias ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara, de acuerdo con reciente informe del portal 360. Todas guardadas en anaqueles por el poder que mantiene y además por inoperancia de esos entes.

De forma continua reitera que es respetuoso de las instituciones, que nunca ha actuado por fuera de la ley ni perseguido a nadie. Pero qué difícil olvidar las chuzadas del DAS a magistrados y periodistas, una tenebrosa dependencia con comunicación directa con Presidencia y los montajes a funcionarios como el que él mismo denunció de la relación del magistrado auxiliar, Iván Velásquez, con el delincuente alias Tasmania, montaje que pronto se descubrió. Tampoco se puede olvidar que varios periodistas se tuvieron que exiliar al acusarlos con insistencia de terroristas o de ser miembros de las guerrillas.

El prontuario de Álvaro Uribe Vélez es extenso. El único caso que avanzó fue por el que acaba de ser absuelto en segunda instancia, los demás se han mantenido congelados en archivos de organismos judiciales.

Un dios para sus seguidores, pero un dios con el rabo tiznado y decenas de acusaciones en contra.

Maullido: cada vez más sucia la campaña para las elecciones 2026. Y eso que apenas comienzan.

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