El municipio de Medellín
como que está nadando en plata. En menos de dos meses se anuncian obras
gigantes por más del billón de pesos y no todas parecieran urgentes en una
ciudad donde las necesidades son enormes.
Primero fue el mar, ahora la
remodelación del estadio Atanasio Girardot, al tiempo con los 600 000 millones
para recuperar quebradas y algunas partes del río Aburrá.
Del mar ya hemos hablado.
Suena a descache, así el alcalde que le toque inaugurarlo se zambulla en él con
narizona y todo. Cerca de 200 000 millones de pesos para una obra en el sur de
la ciudad, el bendecido desde siempre, dinero que también cubrirá remodelación
de escenarios en ese sector.
Ahora se habla de que en
solo un año largo se remodelará el estadio de fútbol. Frecuento el estadio y
creo que la ampliación de su capacidad es una necesidad para un escenario que
al menos dos veces a la semana congrega al menos a 40 000 personas de todos los
estratos sociales, cálculo por lo bajito. Ahora, lo discutible es el monto: 750
000 millones de pesos. Afirma el alcalde que se hará con recursos municipales
porque una asociación público-privada sería entregar una larga concesión y
afectar a los vendedores en los puestos existentes alrededor del complejo. El
estadio se le alquila a Medellín y Nacional, vale aclarar.
Tanto en esta remodelación
como con el mar no pasa desapercibido un tufillo a superioridad: la raza
antioqueña, como la llaman no pocos, que todo lo puede. Del mar, lo dijo el
propio alcalde: que nada les queda grande a los antioqueños y del estadio
recalcó que será el más moderno de Sudamérica, tal como los cuentecitos paisas
de que la piedra de El Peñol es la más grande del mundo o que la catedral metropolitana
es la más grande del planeta en adobe. De ese tamaño, cuando se sabe que en
Bogotá también se construirá estadio nuevo y tal vez en Cali. Pero el de
Medellín es el más moderno.
Pero ese tufillo de
superioridad viene también con grandes inquietudes.
Es que hace pocas semanas
se realizó una recolección de dineros y alimentos para reducir el hambre de
decenas de miles de residentes locales. ¿Hay dinero para un mar y no para alimentar
tanto necesitado?
Las grandes inversiones se
harán en el sur, zona privilegiada de Medellín. Para el norte solo hay un gran
proyecto, una etapa de Parques del Río. Es decir, no solo es tufillo a creerse
superiores, sino a continuar aumentando la desigualdad entre sur y norte.
Acá viene el otro gran anuncio:
600 000 millones para atender puntos críticos del río y de unos 90 afluentes,
en los que parece (¡al fin!) se habilitarán áreas verdes recreativas, una idea
que lleva lustros rondando, pero que ningún alcalde había querido acoger,
porque de este modo (falta ver qué es lo que se hará) la gente del norte podrá
tener zonas recreativas más cerca de sus casas y no en el lejano mar del sur (a lo
Balboa) ni en el costoso y elitista Parques del Río del exclusivo barrio
Conquistadores.
Una inversión sobre la que
habrá que estar muy atentos para ver si no se queda en puro cemento para el
canal del río y la remoción de escombros en las quebradas.
Mucho dinero, así Empresas
Públicas haya hecho una transferencia récord de 2.6 billones a la
municipalidad, en una ciudad (distrito (?) para darle caché) en la que personas
de escasos recursos siguen levantando tugurios cada vez más arriba de las empinadas
laderas del norte, en la que el déficit de vivienda digna es enorme, que tiene
un serio problema de escorrentía que hace que se inunde en muchos puntos con
los cada vez más frecuentes aguaceros fuertes, que no ha sido capaz de reducir
la temperatura ambiente del centro de la ciudad por donde cada día -se dice-
pasan al menos un millón de personas, en la que
hay más de 15 000 habitantes de calle y miles que en sus casas siguen
acostándose con el estómago vacío.
Dicen los defensores de obras como el mar que la ciudad tiene que pensar en grande, como si invertir en quienes más lo necesitan fuera pensar en pequeño.
Para quiénes se está
manejando la ciudad, me deja muchas dudas.
Maullido: qué bueno que Daniel
Quintero no pueda participar en elecciones. Un punto para la decencia.

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