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La nueva ley de la selva

 

En este pozo comenzó la explotación petrolera de Venezuela en 1914, el pozo Zumaque 1 en Zulia. Un petróleo del que ahora se apoderó Estados Unidos bajo orden de su presidente. Foto Flickr


Es muy posible que 2026 marque el comienzo de una nueva era, de un nuevo orden internacional. El secuestro del presidente Nicolás Maduro en su país por el gobierno de Donald Trump y las amenazas de este para hacerse a la buenas o a las malas con Groenlandia abren una caja de Pandora global.

Hoy todo es incertidumbre y crece el temor en varias regiones con conflictos entre vecinos o dictadores glotones.

Y solo un hombre, Trump, cuyos aires de rey y emperador no oculta, ha causado todo este revoltijo, ayudado por la incapacidad de las potencias de Occidente para oponérsele o tan siquiera hacerle saber su malestar, potencias en una clara decadencia, y ante la cada vez más notoria debilidad y falta de credibilidad de Naciones Unidas

“No necesito la ley internacional”, les dijo Trump a reporteros de The New York Times que lo entrevistaron en el Salón Oval de la Casa Blanca. Solo hay una cosa que lo puede limitar en sus poderes globales: “Mi propia moral. Mi mente. Es la única cosa que me puede detener”.

Asusta porque el mundo conoce muy bien la enorme laxitud de sus principios morales, que sumado a su manifiesta ignorancia producen un coctel que comienza a hacer estragos en ese viejo orden que había prevalecido, bien que mal, desde finales de la Segunda Guerra Mundial.

La obsesión es que Estados Unidos mande en el hemisferio occidental. No en vano el vicepresidente estadounidense JD Vance dijo a los reporteros que cualquier nación que se cruce en el camino de Estados Unidos y desafíe sus deseos lo hace bajo su propia responsabilidad.

La nueva Doctrina Monroe, proclamada hace dos siglos -1823-, que él mismo llama Donroe por su nombre. Tales son sus aires imperialistas. El nuevo emperador, aupado, seguramente por miedo, por sus segundos, no tendrá reparos en pedir de nuevo el Nobel de Paz, mientras amenaza bombardear Irán, tomarse el petróleo de Venezuela (ya es un hecho) o desembarcar sus tropas en Groenlandia.

Stephen Miller, consejero político del emperador, expresó en CNN, sin titubear que “Vivimos en un mundo, en el mundo real, que es gobernado por la fuerza, que es gobernado por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo que han existido desde el principio de los tiempos”.

Claro, Trump parece haber tomado posesión de Occidente, pero en Oriente las cosas podrán ser diferentes. Como se preguntaron analistas en el diario neoyorquino, ¿qué tal que China al fin se tomara Taiwán? ¿O que Rusia, aparte del territorio que ha vendo ganando en Ucrania, se extendiera a otros de sus vecinos? ¿Tendría pasaporte verde Etiopía para establecer su propio puerto en el Mar Rojo imponiéndose sobre Eritrea? ¿Y Ruanda anexarse las ricas minas de la República Democrática del Congo? ¿O Sudán retomar a Sudán del Sur?

Se abrió una caja de Pandora y es difícil saber qué viene a continuación, cuál será el límite moral de Trump, si osará meter la nariz en conflictos y regiones donde no lo han llamado y cómo se enfrentará a los otros grandes poderes del lado oriental.

Lo cierto es que el derecho internacional ya no existe. La ley de la selva impera ahora.

Maullido: Andrés Julián y Federico Gutiérrez andan con unos aires de reyecitos. Ojalá pronto los pongan en su lugar.

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