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La otra Colombia, una piedra en el zapato

 

Miraflores, alejado municipio del Guaviare, una región que sigue sometida a la voluntad de grupos armados de toda clase. Foto Alcaldía


En este país la vida se repite y cada año hay que volver sobre lo mismo. Hace un año se declaró la emergencia para Catatumbo y todo sigue casi igual. Ni el dinero prometido ha llegado ni los grupos armados han retrocedido y la expulsión de ciudadanos sigue.

Dice El Espectador que “Aunque el Ejecutivo adicionó COP 2.768.000 millones al Presupuesto General de la Nación para atender la crisis humanitaria derivada de la guerra entre el ELN y el Frente 33, a corte de esa fecha el Gobierno solo había ejecutado el 54,6 % de los recursos comprometidos en el marco del estado de conmoción interior en el Catatumbo, según el informe oficial de seguimiento” (el corte fue julio pasado).

Es decir, parte de la respuesta del Estado a esta delicada situación terminó en lo mismo de siempre: palabras, palabras, recursos anunciados, proyectos y contratos en el aire. Y todos tan orondos.

Antes había sido El Plateado en Cauca, una toma militar que nunca se consolidó, al punto de que si se van los militares al otro día regresan los armados. La presencia del Estado no es sólida hoy tampoco.

Guaviare también estalló. Vivió meses de calma tras la firma de los Acuerdos de Paz, pero poco a poco la violencia se ha apoderado de la región y grupos armados se disputan las economías ilegales sin que el Estado haya podido imponer el orden y devolver la tranquilidad y el dato lamentable más reciente son los 26 muertos en enfrentamientos entre disidencias.

Es tal el abandono, que Caracol Radio mostró cómo existe una carretera ilegal entre Caquetá y Guaviare por donde se mueven droga, armas y grupos ilegales y narcotraficantes sin que el Estado se haya dado cuenta o intervenido. Una carretera que no se construye en dos meses.

Un abandono eterno de las regiones periféricas que no se rompe con palabras ni buenas intenciones. El Estado colombiano está ideado de tal forma que impide la presencia continua y oportuna en todo el territorio y la atención de las necesidades ciudadanas. Es incapaz de llegar a todas partes porque está concebido para atender la centralidad, donde se mueven los políticos, las influencias y la economía, aparte de la negligencia repetida de funcionarios que poco interés tienen en esas otras regiones.

No es asunto nuevo, Es de toda la vida. No solo son el Catatumbo y Guaviare. Chocó solo concentra la atención cuando ocurre una tragedia o se presenta un paro armado. Así ha sido siempre y los irregulares controlan extensas zonas del departamento, incluidas las principales vías: los ríos. Hasta mediados de 2025 iban tres paros armados que confinaron a decenas de miles de chocoanos. Y todos tan felices.

Si bien el gobierno de Iván Duque le dio un portazo a los Acuerdos de Paz y permitió el resurgimiento de los grupos armados, la paz total del gobierno Petro ha permitido que aumenten su presencia por ese mismo abandono.

Al Catatumbo, contrario a las voces oficiales, el Eln no llegó hace 14 o 15 meses. Ese grupo ha tenido actividad allí hace lustros. Él y otros se nutren del narcotráfico con extensas áreas cultivadas con coca, cultivos que llevan también lustros, como recalcándoles a las autoridades que poco o nada han hecho para mantener presencia activa del Estado atendiendo las necesidades de los pobladores, que pocas opciones tienen en zonas coqueras o que viven en otras partes a merced de lo que dispongan los violentos.

Hace un año en Catatumbo más de 1000 niños están desescolarizados por los enfrentamientos entre ilegales que no cesan. Este año tampoco volverán a clases porque nada ha varado: los violentos imponen su ley mientras el Estado mira de lejos con tímidas acciones.

Cuánto se ganaría si un gobierno se dedicara no a confrontaciones inútiles o a programar más de lo mismo sino a idear cómo retomar ese país al que casi nunca asoma el Estado; cómo hacer presencia permanente más allá de las botas militares: cómo tener oficinas e inversiones continuas y no ocasionales movidas con frecuencia al vaivén de protestas ciudadanas.

Mientras esto no se tome en serio, esas regiones seguirán abandonadas y en manos de grupos ilegales.

Maullido: buena idea esa, que el gobernador de Antioquia haga una vaca para pagarles a los honorables del Congreso esa prima que ahora en buena hora no se les otorgará más.

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