La grave emergencia por inundaciones en Córdoba es el último ejemplo vivo
y doloroso, de que la naturaleza no se gasta afanes para recobrar lo suyo,
alterado por la mano codiciosa de los humanos, que en nuestro país sigue
privilegiando el dinero sobre la vida.
De verdad es doloroso, porque se han afectado más de 43 000 familias,
120 000 personas en 20 municipios y decenas de miles más de animales de varias especies.
No solo fue un frente frío de esos que muy rara vez llegan hasta nuestro
territorio caribe, tal vez -muy probablemente- alimentado por el cambio
climático, que seguimos ignorando, sino el mal manejo que se sigue dando al
territorio, en este caso las sabanas de la región cordobesa-sucreña.
Muy clara ha sido la ex viceministra ambiental y reconocida ecóloga,
Tatiana Roa Avendaño, quien afirmó que “Lo que ocurre hoy en la Cuenca del Sinú
(Córdoba y Sucre) es muy similar a la tragedia recurrente de La Mojana. No son
desastres “naturales”: son territorios históricamente inundables que han sido
profundamente transformados por la ganadería, los cultivos o las ciudades”.
En los años 90, recordó, cuando se inició la construcción de la represa
Urrá, no se tuvieron en cuenta las voces de los pescadores, pobladores e
indígenas Emberá Katíos, que manifestaban que era una zona potencialmente
inundable (hasta los paras asesinaron a uno de los líderes indígenas opositores
al proyecto, como Kimy Pernía Domicó, quien anticipó las tragedias). Hoy se están viendo las consecuencias.
Nada nuevo bajo el sol. Esta historia se ha repetido una y otra vez en
distintas regiones, como Antioquia. Aquí, lo que llamo la ‘aplanadora paisa’ (políticos
y empresarios juntos), ha hecho y deshecho en el territorio con carreteras,
minas y embalses y el estribillo es el mismo, que se repite una y otra vez:
aquellos que se oponen están contra el progreso, son enemigos de la región y
del país.
(Ojo, que esto podría pasar en Jericó, donde comunidades valientes se han
opuesto con firmeza a la explotación minera que plantea la discutida minera
AngloGold Ashanti, que destruiría esa zona con otra vocación, explotación que
es bien vista por las autoridades departamentales, que están a la espera de un
cambio de gobierno nacional para imponer su voluntad contra la ciudadanía).
En Córdoba parece clara la negligencia de quienes manejan Urrá. El
ambientalista Juan José López Negrete, quien ha trabajado en esa región con
proyectos de adaptación ante las inundaciones cíclicas, expresó en redes
sociales que los manejadores ignoraron las advertencias de la NOAA y el Ideam
que pronosticaban lluvias por encima de los niveles normales entre enero y
febrero. Recordemos que desde el año pasado estamos en presencia de La Niña,
que trae más lluvias a casi todo el país.
Pese a que se sabía, se mantuvo el nivel de Urrá
por encima de lo que debía estar. Cuando llegó el frente frío con lluvias que
pocas veces se habían visto, la evacuación de aguas de la represa acabó de
ahondar la tragedia de los cordobeses.
La misma Autoridad Nacional de Licencias
Ambientales (ANLA) informó que desde 2020 hasta la fecha, los análisis revelan
un comportamiento recurrente de sobrepasar las reglas de operación del embalse.
Por eso el argumento de que fue el frente frío
el que provocó las inundaciones no tiene peso. Ha sido la codicia, que destruyó
primero el ecosistema de esos territorios inundables y luego desoyó las
advertencias sobre el aumento de lluvias.
Las consecuencias se sentirán luego también en
otras regiones, en las que se continúa desecando humedales para ganadería y
cultivos, alterando los ecosistemas y en las cuales prima el interés económico
sobre el bienestar de las personas, animales y sistemas hídricos. Mucho más sabiendo que no existen estrategias claras de adaptación a la nueva realidad climática.
La naturaleza no se gasta afanes. Tampoco
olvida.
Maullido: ¿por qué la gran prensa tradicional
sigue escondiendo la estrecha relación del expresidente Andrés Pastrana con el
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