Los archivos de Jeffrey Epstein no solo revelan una horrorosa confabulación
de explotación sexual de niñas y jóvenes, sino que es una muestra de cómo
funciona la riqueza en todo el mundo. No siempre en cuanto a los abusos
sexuales, pero sí en cómo los ricos y superricos, y los poderosos, consideran a
los demás y a las mujeres. Y cómo los rige el dios dinero, así algunos de ellos
se proclamen filántropos y tengan sus fundaciones.
Se puede afirmar que su amor por el dinero es muy alto y prima sobre los
valores que podían tener o los que profesa la sociedad.
En las listas de Epstein no solo hay superricos, también gente con poder
porque el asunto es como lo describe el periodista Matthew Goldstein, quien
para el New York Times ha cubierto el tema por años:
Esto “Creo que habla de cómo funciona la sociedad de élite en todo el
mundo. Revela el modo en que el dinero, independientemente de cómo se obtenga,
atrae la atención de la gente, lo que a su vez atrae más dinero y más atención,
y genera esta vasta red de conexiones, incluso para alguien como Epstein. Así
que la gente vio que reunía a gente poderosa a su alrededor y quiso formar
parte de eso, y de ese modo el círculo se hizo más grande”.
Claro, no faltaron los que querían aprovecharse para hacer su propio
dinero. Varios startups en la meca de Silicon Valley le pidieron y recibieron apoyo cuando ya hacía años Epstein había sido condenado por abuso sexual.
La heredera del mundo Disney, Abigail Disney, en conversación con la
escritora Ingrid Robeyns, quien ha escrito sobre los problemas de la
acumulación exagerada de dinero, resumió lo que les sucede: todos alrededor de
los ricos los adulan y alaban y estos poco a poco se van convirtiendo en el sol
que todo lo ilumina, es lo que se creen. La riqueza cambia a la persona
psicológica y moralmente, y no para mejorar, de acuerdo con la señora Disney,
quien pone un ejemplo: Jeff Bezzos, el fundador de Amazon y quien posee una
fortuna de más de US$250 000 millones. “Lo vi perder uno a uno sus amigos (...)
remplazados por personas que tenían capacidad de pago”. Al final, solo confiaba
en ellos.
No es de extrañar que en los archivos Epstein se encuentren los
superricos Bill Gates (US$ 155 000 millones), Sergei Brin cofundador de Google
(US$ 250 000 millones); Richard Branson (US$ 2600 millones); y el más rico del
mundo, el siempre controvertido y muy detestable Elon Musk (US$ 690 000
millones). Y Donald Trump (US$ 58 000 millones).
Que varios de los ricos, como el mismo Gates, tengan fundaciones y posen
de filántropos, no quita su comportamiento personal y la falta de valores.
Goldstein dice que la lista “revela cómo veían a las mujeres algunas
personas de la alta sociedad. Esto tenía mucho que ver con las clases sociales.
Muchas de las jóvenes procedían de familias disfuncionales y entornos pobres.
Algunas habían sufrido abusos en sus propias familias. Y eran vistas,
básicamente, como objetos, si no para ser utilizadas sexualmente, sí para estar
a su lado, casi como muebles. Se les consideraba personas desechables”.
No solo son los de la
lista: Es claro que la riqueza cambia a las personas, como dice Disney, y lo vemos
en todas partes.
Maullido: los peor de las
actuales tragedias invernales es que… volverán a repetirse porque acá no hay
adaptación a las nuevas realidades climáticas.

Comentarios
Publicar un comentario