En la Conferencia Europea
de Seguridad en Munich, Alemania, la popular congresista demócrata estadounidense
Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) relacionó directamente el auge del autoritarismo
con el aumento de la desigualdad. Los ciudadanos de a pie se alejan de la
democracia porque las élites adineradas amañan el sistema a su favor.
“Los niveles extremos de
desigualdad de ingresos conducen a la inestabilidad social”, dijo. Los
políticos, agregó, tienen que “hacer llegar beneficios materiales a la clase
trabajadora o de lo contrario caeremos en un mundo más aislado gobernado por
autoritarios que tampoco hacen llegar nada a los trabajadores”.
¿Demasiada coincidencia
con lo que sucede en Argentina y la reforma laboral? ¿Coincidencia con la nueva
discusión sobre el salario mínimo en nuestro país?
Por grosero oportunismo,
los políticos de derecha en plena campaña respaldan ahora el aumento del mínimo
que había decretado el gobierno Petro, aunque cuando se expidió atacaron desde
todos los costados. Los industriales dicen que no se puede rebajar, porque ya
los trabajadores se programaron con ese aumento, no por otra razón.
Y los comerciantes, ¡vaya
cosa extraña!, sostienen que la reforma laboral, la disminución de horas de
trabajo semanal y el mínimo los quebrarán. Pareciera que se quedaron en la
época de la esclavitud (no es mentira que muchos trabajos siguen siendo puro
esclavismo).
¿Qué hacer entonces
mientras se decide de fondo, por el Consejo de Estado, la suerte del mínimo? La
respuesta, desde el capitalismo salvaje, la tiene la precandidata por el Centro
Democrático, Paloma Valencia: “Nosotros queremos más salario para los
trabajadores y menos impuestos para los empresarios. Esa es la manera como
construimos la economía fraterna, donde a todos les va bien…”
¿Entonces cómo se financia
el Estado, cómo disminuye la terrible desigualdad si a los que más tienen se
les rebajan gravámenes? Para buen entendedor, pasarles más y más servicios al
sector privado, que siempre trabaja con ánimo de lucro. O gravar las clases
media y baja, que constituyen la mayoría de la población.
Por eso, muchos no creen
en los políticos ni en la democracia y votan por populismos autoritarios que no
les arreglan nada y pueden antes clavarlos más, pero es el desespero o un tiro
al aire a ver qué sucede.
Pero no pocos han
despertado ya y exigen mejores condiciones de vida. Recordemos el estallido
social en nuestro país.
En uno y otro caso, vienen
las confrontaciones (como las que vive Argentina ahora) que pueden reforzar los
sistemas autocráticos, y la represión violenta. Y ahí cuadra lo que dice AOC: o
en realidad se trata de disminuir la desigualdad o vendrán sistemas más
represivos. No es falso afirmar que buena parte de la derecha en Colombia se ha
corrido al extremo y con mayor facilidad y frecuencia niega proyectos que
benefician a los más pobres. Y pide castigo para quienes exigen sus derechos.
Dijo alguna vez el
fallecido Papa Francisco: “Si tenés que trabajar 11 horas para cobrar 600 euros
al mes y sabes que eso no te alcanza y encima tu empleador te dice que te conformes
o que hay una fila enorme atrás esperando, eso es una esclavitud moderna”.
Es lo que el poder
político y económico, en nuestro medio, no han querido entender y siguen
defendiendo los privilegios de la minoría a expensas de los demás.
El salario mínimo debe ser
justicia, no una causa política de ocasión ni un medio para que se enriquezcan los
empleadores.
Maullido: la participación
en política del alcalde de Medellín, alias Fico, en favor de su hermana es
descarada.

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