En menos de una semana a la Antioquia bravucona no solo se le salió la
piedra de nuevo, sino que en parte dio razón a las declaraciones de Iván Cepeda
sobre esta región, signada por el paramilitarismo y el narcotráfico, donde el
nombre del expresidente Álvaro Uribe siempre aparece en primera fila.
Una obra con dos actos.
Primer acto. La directora del periódico El Colombiano publica en ese
diario, hoy al servicio del ideario uribista, solo parte de esas declaraciones
de Cepeda, dando a entender que insultó al departamento: Dice que, en palabras
sintéticas, Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, de la
narcoeconomía y del terrorismo de Estado.
Omitió a propósito que el candidato del Pacto Histórico reconoció que la
región había salido adelante gracias a su pujanza.
(Un simple análisis histórico le daría razón de sobra a Cepeda, para
dolor de la dirigencia antioqueña que siempre ha estado relacionada con los
males denunciados).
Segundo acto. Más de 500 indígenas de la zona de San Pedro de Urabá
llegan a protestar al Centro Administrativo La Alpujarra en Medellín por
incumplimiento, decían, de puntos acordados con la Gobernación.
De inmediato afloró el clasismo y racismo de los paisas. Para el gobernador, se trataba de un ataque (?) contra Antioquia. De la Gobernación y la Alcaldía publicaron fotos de ciudadanos ‘de bien’ de Medellín filados en las aceras dispuestos a enfrentar a los indígenas.
Tras horas de tensión, hubo acuerdo y los indígenas partieron a sus
tierras. Vinieron entonces las expresiones de bravuconería, racismo y respaldo
a las acciones violentas del paisa uribista.
El gobernador Andrés Julián Rendón publicó mensaje de reconocimiento a
la Policía y a los antioqueños de a pie, “a todos los que estuvieron vigilantes
y firmes en la defensa de este pueblo libre”. Un tácito apoyo a la violencia
por parte de particulares.
El alcalde Fico Gutiérrez agradeció a la Policía y a la ciudadanía
(¿cuál parte de la ciudadanía?) por querer y proteger tanto a su ciudad.
Dando validez a las palabras de Cepeda, el expresidente Álvaro Uribe
anunció un homenaje a la manifestación indígena, a la cabeza del concejal
uribista, el por desgracia célebre Andrés ‘El Gury’ Rodríguez, que, con bate en
mano, como ha sido su usanza, amenazó a quienes protestaban. El matonismo que se niega.
¿No es esto respaldo a la justicia por mano propia? Es lo que se
desprende de las palabras de gobernador, alcalde y expresidente. Una
refrendación del modus operandi de buena parte de la dirigencia política antioqueña
y de la idiosincrasia paisa que tanto les duele que les recuerden.
No se necesitaron muchos días para que lo dicho por Cepeda fuera
ejemplificado por los propios gobernantes antioqueños y, además, mostrara con
claridad que no solo la campaña actual sino también las posturas de los partidos
de izquierda y derecha evidencian que en el centro del debate político y el
planteamiento de soluciones está la lucha de clases, la cual evitan mencionar
en el uribismo, porque si no existe, no hay necesidad de cambiar nada.
Hay quienes no pueden ver a los pobres ni a los negros ni a los indígenas y en
eso la Antioquia tradicional lidera.
Maullido: por mi parte, les creo a todas las mujeres que denuncian
abusos del impresentable Hollman Morris.

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