Se sabe que el presidente Gustavo Petro no escucha consejos y hace su voluntad, porque tiene rasgos de megalómano. Por eso tantos nombramientos impresentables a lo largo de su gestión de más de tres años, a los cuales ha defendido incluso con comentarios pasados de tono en redes sociales.
Queda la duda de si lo hace por salirse con la suya o demostrar que es
quien manda -lo cual no sería raro dado su carácter- y en cualquier caso revela
un desprecio por la ética en la administración pública.
Entonces esas promesas de gobierno transparente y del cambio, quedaron solo
en palabras, porque los casos de corrupción han sido muy serios y sonados y ha nombrado
cantidad de personas cuestionadas por su comportamiento o incluso investigadas
por los organismos de control y judiciales.
La lista es larga. Impuso a Jorge Carrillo en ISA, pese a lo que hizo en
EPM; a su amigo Roa en Ecopetrol y la petrolera viene de para atrás; a
Benedetti, con investigaciones en curso; a Hollman Morris pese a las
acusaciones serias de acoso sexual y laboral. También a Sandra Ortiz, Carlos
Román González y a Juliana Guerrero, a quien defendió hasta el final pese a
todas las pruebas sobre su comportamiento doloso. Y no hablemos del servicio
diplomático.
Incluso para que algunos de esas cuestionadas personas pudieran ocupar sus
cargos fue necesario modificar los requisitos.
Cambio no hubo en el manejo de las costumbres políticas. No se puede
argumentar que se rodeó de personas cercanas, porque es peor: ¡tanto
cuestionado tan cercano!
¿No había o hay en el Pacto Histórico personas intachables capacitadas
para los diversos cargos? Sería entonces un partido con una pobreza intelectual
y académica terrible, pero creo que ese no es tampoco el punto. Es que Petro no
confía en nadie y si no, miremos los 60 ministros que ha tenido, tantos que se
cae de su peso la excusa de que eran de la oposición.
Ahora se viene con el impresentable Daniel Quintero Calle. El exalcalde
ha tenido la peor gestión de cualquier alcalde en Medellín. En Bogotá lo
quieren los del Pacto porque dizque enfrentó a los intocables de EPM, lo cual
no es cierto: lo que hizo fue desbarajustar también esa entidad. Además, no es progresista: ha transitado por todo el espectro político.
Los casos de corrupción por los que investigan a decenas de sus
funcionarios son serios y casi no queda frente de trabajo donde no haya habido
cosas raras. El propio Quintero está siendo investigado, y está muy
comprometido por algunas actuaciones, como el lote de Aguas Vivas.
Llegará a la Superintendencia de Salud, cuando este fue uno de los
frentes más afectados durante su Alcaldía: hasta al importante Hospital General
llevó un personaje que casi acaba la institución.
No se puede nombrar a tantos cuestionados que porque no han sido
condenados. No. La ética, más en la administración pública, exige contar con
personas intachables pues están manejando el dinero de todos los colombianos.
El caso de la UNGRD es terrible. Lo de Olmedo López y Esneyder Pinilla
es impresentable. Y no menos serio es el caso de los ministros de Hacienda e
Interior buscando favores en el Congreso a cambio de contratos. ¿No que iba a
haber un cambio?
Es una lástima y un duro golpe a quienes hemos creído en la necesidad de
un proyecto progresista, de izquierda, de larga duración, pero un proyecto que
elimine esas viejas prácticas que han favorecido que el dinero que debería ir a
los más pobres termine en manos de funcionarios y políticos, o manejado por
personajes con serios cuestionamientos éticos, morales y legales.

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