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Este periodismo colombiano no huele bien

 

Nuestra prensa se tornó también muy militante y más que la verdad y el bien común, con frecuencia defiende causas partidistas. Imagen Public Domain


Terribles esos apoyos de facto, decenas de personajes firmando un respaldo a La Silla Vacía. Pura y clásica élite de la intelectualidad criolla de bien y de periodistas de la élite bienpensante capitalina.

Pero ni los medios ni los periodistas han querido dar debate sobre la prensa, que en los cuatro años del gobierno de Gustavo Petro desnudó cantidad no solo vicios sino periodismo militante, partidista y de alejamiento de los más elementales preceptos del periodismo.

Atentar contra la libertad de prensa no solo son amenazas o acusaciones de gobernantes y dirigentes, sino el ejercicio errado del oficio, practicado hoy por muchos medios.

Esto cae más en el campo de la ética y acá no existen tribunales por diferentes razones. Una muy poderosa es que los periodistas no tienen autocrítica ni resisten la crítica. Y cuando esta viene, salen a defenderse pidiendo solidaridad de colegas. Esa solidaridad se daba con voces que expresaban su respaldo, pero hoy se hace en gavilla: cartas supuestamente respaldadas por decenas y hasta cientos de periodistas y otros.

El reciente caso de La Silla Vacía es una muestra. Se extralimitaron funcionarios acusando a la directora de ese medio, pero es innegable que este ha faltado a la verdad y puesto en peligro al medio popular Agencia Rural de Prensa. Eso lo callan los periodistas de bien de la siempre fastidiosa camarilla capitalina, a la que se han ido sumando desde las regiones.

Se acusa a medios como la revista Raya de un ataque infundado contra La Silla Vacía y condenan el uso de recursos públicos en medios que difunden acusaciones sin sustento. Pero vaya sorpresa, si esos recursos públicos -de alcaldías y gobernaciones- también van a medios tradicionales que lanzan acusaciones infundadas contra el gobierno central. La balanza inclinada y es normal en este tipo de respaldos en manada.

Es, para citar un caso, atronador el silencio del periódico El Colombiano frente al alcalde de Medellín y el gobernador de Antioquia. Ahí sí no hay control del gobernante porque, para decirlo con claridad, la lonchera no se patea.

Todo esto sin quitar que también se violan todos los principios éticos cuando la financiación de los nuevos medios depende solo de recursos públicos, porque hasta ahí llega la crítica y la veeduría que deben hacer a los gobiernos y a los poderosos.

Sucede con los canales y otros medios que dependen de los gobiernos. RTVC, Teleantioquia y Telemedellín, uno nacional, otro departamental y otro municipal, por ejemplo, solo son un apéndice de los gobiernos que los financian y por lo mismo reflejan solo una cara de la moneda y así se manipula la información.

Este gobierno, primero de izquierda, desnudó nuestro periodismo. Las falencias y traiciones a los principios son enormes. Eso no significa que no existan periodistas de verdad-verdad que desde sus medios y tribunas ejercen un oficio con seriedad y un gran equilibrio, aunque abundan cada vez más -dada la polarización política- periodistas militantes, que solo defienden las ideas y al movimiento que siguen y en el que creen.

La prensa tradicional responde más al capital que al bien común y no pocos medios electrónicos han sucumbido a la influencia de los gobernantes o son sus extensiones.

Nada de esto se obviará en un nuevo gobierno, sea de derecha o izquierda, y los periodistas continuarán ajenos a la autocrítica y defendiéndose en gavilla.

Maullido: lo de la hinchada del Dim es impresentable, la más reciente muestra de delincuentes en las tribunas de un estadio.

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