Mal comienzo del Pacto Histórico como partido de oposición tras la terminación del gobierno progresista. Como que no atinan sus líderes a descifrar el camino y cómo buscar de nuevo ser gobierno.
Y es que el Pacto tiene problemas serios. Gustavo Petro era su líder
antes de convertirse en presidente y vuelve a serlo ahora, pero los momentos
históricos han cambiado.
Un porcentaje nada desdeñable de la derrota del progresismo en las
elecciones se debió al mal gobierno de Petro, por su incapacidad para ejecutar
y la forma como se hizo coger odio insultando a todos los contradictores o a
las instituciones que no respaldaban sus iniciativas. Su personalidad
megalómana hace que sea el centro de todo, el que tiene la última palabra y el
que dice qué hacer y qué no. Una muestra clara es la forma como protegió a
funcionarios corruptos o con problemas legales o en entredicho moral, además de
nombrar a otros muy cuestionados por las mismas razones.
De nuevo toma la cabeza del Pacto, de la oposición, y sigue en la misma
tónica de enfrentamiento, no de construcción.
El otro líder natural, más por la campaña presidencial que desarrolló,
así fuera sosa, es Iván Cepeda. También parece desconectado del país, de sus
necesidades y del momento que se vive. La reacción, por ejemplo, ante el sismo
catastrófico fue tardía e insuficiente. Su muletilla ahora es el supuesto fraude
en las elecciones, del que ningún organismo da cuenta.
Mientras el país se movilizaba para ayudar a los damnificados del sismo,
el Pacto muy cómodo instalaba su escuela política, como si no hubiera pasado
nada. Con decir que hasta el campeonato profesional de fútbol -cosa tan frívola-
suspendió programación.
¿Qué queda entonces? No aparecen nuevos líderes ni se les da la
oportunidad a quienes podrían serlo. Como bandera de la oposición se conformó
un gabinete en la sombra, en el cual quedaron los mismos de siempre,
exministros y otros exfuncionarios del gobierno. Nada de renovación. ¿Quién le
va a creer ahora denuncias y reclamos a Guillermo Alfonso Jaramillo, el
exministro de salud que acabó con el sistema?
Congresistas capaces hay, pero todo enfrentan el mismo mal: el temor a
Petro. No hablan para no ser aislados o removidos de los afectos del
expresidente. Se limitan a cumplir su papel de legisladores y poco más, no hay
una verdadera confrontación a las actuaciones y decisiones del actual jefe de
gobierno, Abelardo De la Espriella. Y se ven cosas tan insólitas como mostrar
masacres y asesinatos de líderes, cuando durante los 4 años del gobierno Petro
callaron.
No es esa la forma como se puede recuperar el poder. Al gobierno hay que
confrontarlo con seriedad, no con trinos inocuos y menos con esas
intervenciones bullosas, pero poco sesudas de los llamados influyentes de
redes.
Se debe activar la participación de las regiones, dándoles cabida a
todas las voces y no solo al mal entendido pueblo, que fue otro de los graves
errores de Petro y de la campaña: creer que solo la gente rasa, obrera y
juvenil era fiel al progresismo, ignorando cómo se comporta la ciudadanía en
las jornadas electorales y frente a los temas de país.
En redes sociales cada vez más voces progresistas rasas se quejan de la manera como se está conduciendo al partido de oposición. Una insatisfacción que crece, que no parece ser percibida en los cuadros directivos.
Mientras los dirigentes del Pacto sigan creyendo que todo lo hacen bien
y no sean capaces de buscar otros liderazgos y no haya manera de ser escuchados
porque solo habla el mismo de siempre, el progresismo, pues hoy el Pacto es el
que lo representa, no volverá al poder en mucho tiempo. Mientras no desarrollen
formas inteligentes y de largo alcance de enfrentar al gobierno y a la extrema
derecha más allá de los simples trinos, para hacer notar sus equivocaciones y
la manera como afectan al ciudadano, no pasará de ser una mera oposición intrascendente.
Maullido: no es solo un payaso e impostor religioso, Abelardo De la
Espriella carece de mínimos valores morales y éticos.

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