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En juego la vieja y la nueva Colombia

 

Qué país se impone es lo que está en juego en los comicios presidenciales desde la primera vuelta del 3 de mayo. foto Registraduría Nacional


Llega la primera vuelta de las elecciones para presidente 2026-2030, un enfrentamiento entre la vieja Colombia y una nueva que tiene al ser humano en el centro de su atención.

Los candidatos de la extrema derecha representan esa vieja Colombia en la que los mayores beneficios son para los ricos y poderosos, dejando las migajas para el resto. Esa vieja Colombia que defiende a muerte (sobre todo a muerte, ya sabemos el porqué) la riqueza y la propiedad de quienes más tienen, que cree que los impuestos son muy altos para los sectores productivos y los más adinerados y se deben rebajar, por lo que el peso recaerá sobre los mismos de siempre: las clases media y baja y los trabajadores.

Esa vieja Colombia que explota los recursos del suelo al precio que sea, por encima de la naturaleza y de los otros colombianos que no tienen voz ni voto: los animales y plantas, que no tiene en cuenta a las generaciones por venir. Una explotación otorgada con frecuencia a empresas extranjeras que poco dejan a las comunidades donde trabajan y al país.

Esa Colombia que protege al empresario como el dios de la economía, sin el cual nada es posible, el dios que genera una riqueza que no se puede reducir para pagarles más a sus trabajadores, generando el espejismo de un crecimiento económico mientras la desigualdad, la brecha entre quienes más poseen y los que menos tienen crece de manera sostenida.

La derecha que no cree en la paz, que se ha servido de la violencia para mantener el poder y que la perpetúa a conveniencia mientras dice combatirla, así se lleve de por medio a decenas de miles de colombianos, como hemos visto desde los años 50 del siglo pasado y en los espeluznantes años de la seguridad democrática de 2002 a 2010.

Son los representantes de esa vieja Colombia que silencia la protesta social y la reprime con fuerza sin importar las víctimas ni las consecuencias, como lo hemos visto desde que la república es república y los albores del siglo 20 con la masacre de las bananeras, represión que niega derechos y vulnera la aspiración a una vida mejor de millones de colombianos.

Son Abelardo De la Espriella y Paloma Valencia los representantes, hoy, de esa derecha extremista y violenta, racista y clasista, que niega derechos a las minorías, desconoce a negros e indígenas y suprime servicios del Estado para entregárselos al sector privado y cobrárselos a los ciudadanos.

Es esa vieja Colombia que les pega coscorrones a los empleados o gira alrededor de ellos montada en caballo para demostrar superioridad y que llama apache a quien considera de menor valor e importancia.

Una Colombia que ha vivido del Estado mientras se chupa sus recursos para provecho propio y se ha valido de los medios de prensa tradicionales para normalizar ese estado de cosas.

Esa es la vieja Colombia que quiere continuar vigente desde 2026, que no soporta que el progresismo les dé importancia, voz y un mejor nivel de vida a quienes ellos han despreciado siempre.

El país ha cambiado, y mucho, en estos cuatro años. Eso no lo entienden ellos. Es el momento de ver si el país nuevo que sueña con un futuro mejor para todos, no para una minoría, se ha consolidado.

Esto es lo que comienza a dirimirse desde esta primera vuelta.

Maullido: nos está cogiendo la noche ante la posible llegada de un El Niño extremo.

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