Álvaro Uribe Vélez es un aprendiz frente al mal que puede hacerles
Abelardo De la Espriella a millones de colombianos. Un personaje sin formación
para gobernar, mentiroso, aliado con personas cuestionadas y otras de dudosa
reputación, turbio en sus negocios, asesino de gatos y quien ha prometido
destripar a quienes piensen distinto, fuera de estar mostrando un
arrodillamiento total ante el gobierno republicano de Estados Unidos, acusando
allí ante sus autoridades a colombianos respetables sin ningún tipo de mancha.
Por eso esta elección tiene un carácter y una urgencia diferentes.
Contrario a lo que representa De la Espriella, Iván Cepeda es una persona
calmada, que ha hecho de la paz su vocación, conocedor de la política y del
país y que está muy lejos de ser la copia especular de Gustavo Petro.
De él, la oposición ha dicho toda suerte de mentiras, de calumnias,
acusándolo de ser comunista y guerrillero, cuando es fácil comprobar que nada
de eso es.
Claro, defiende un proyecto progresista, un progresismo que se basa en
el respeto a los derechos humanos, en buscar mejores condiciones de vida para
las personas más necesitadas, que haya mayor acceso a la vivienda, la educación
y la salud, que estas no pueden estar supeditadas a tener grandes recursos
económicos.
Un progresismo que defiende libertades para todos, que respeta la
libertad de prensa y disentimiento, de cultos y los derechos de las minorías.
Que respeta además el territorio y sus recursos naturales, y todo tipo de
animales.
Esto es lo que está en juego. La visión de un personaje que no tiene
visión de país, que es fanfarrón, mentiroso y que protegerá solo a los poderosos,
pues ha prometido recortar ayudas sociales de toda clase, y que no ha
descansado en su persecución contra todo periodista que saque a la luz pública
todo el cartapacio de irregularidades que lo rodean. Un cartapacio tan enorme,
que once congresistas estadounidenses pidieron a su gobierno investigarlo.
Están en juego nuestras libertades y nuestros recursos naturales,
incluso nuestra soberanía.
No es el momento de las dudas ni del voto en blanco, por respetable que
sea. No se trata de elegir al menos peor, sino de jugársela por el respeto a nuestro
ordenamiento jurídico y nuestra Constitución, por la defensa de los más
necesitados, por el derecho a soñar con una paz más cierta, por el fortalecimiento
de las libertades y el bienestar de todos los colombianos, no solo de unos.
Con Iván Cepeda tendremos esto, con De la Espriella perderemos eso y
mucho más. Por eso no podemos ser pasivos.
Resulta ilusorio pensar que solo los progresistas o quienes voten por
Cepeda serán los perseguidos y perjudicados en un gobierno de De la Espriella:
millones de los que voten por él, que no pertenecen al círculo más alto, lo
padecerán. Es que el constreñimiento de las libertades y la reducción de
derechos será amplio.
La hora de la verdad. O construimos una Colombia para todos votando por
Cepeda, o sufriremos los horrores con que ha amenazado el candidato de la
extrema derecha.
Maullido: la Procuraduría se ha hecho varias veces la loca sobre la
participación descarada en política del alcalducho de Medellín, alias Fico Gutiérrez.

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