Cuando Gustavo Petro asumió la Presidencia hace casi cuatro años, pronto
quedó en evidencia que quienes durante toda la vida habían sido oposición no
sabían manejar bien los hilos del gobierno y que quienes habían disfrutado siempre
de las mieles del poder no sabían ser opositores.
Por eso se cometieron tantas imprudencias de lado y lado y se dieron
declaraciones e intervenciones desenfocadas. La oposición de lo primero que
hizo fue debatir la forma de vestir de algunos funcionarios y ministros. Los
tenis de la Minminas Irene Vélez fueron un escándalo mayor, y así se les fueron
los primeros meses, mientras los nuevos congresistas del Pacto Histórico
pagaban bisoñada con algunas intervenciones desabridas.
¿Cómo va a ser ahora la oposición al que se vislumbra como aterrador
gobierno del extremista (e ignorante en lides gubernamentales) Abelardo De la
Espriella? De su ropa, su avión y otras extravagancias se ocuparán influentes
en sus redes, bien poco seso que en general son. ¿Pero y el gran control?
El 20 de julio, Petro anunció que será el líder de la oposición. Es su
puesto natural, pues al fin y al cabo fue quien ha llevado a cabo el
surgimiento de la izquierda como verdadera fuerza política y social. Qué tipo
de líder opositor está por verse.
Ojalá no sea el Petro que insulta a todos los rivales y, en este caso, a
los rivales convertidos en gobierno. (Insultos que restaron votación en los
comicios presidenciales).
Mas una cosa son insultos y otra hablar de frente, con la verdad y en la
cara. El preámbulo del presidente electo ha sido desastroso. Han sido largas
semanas de contradicciones, de designaciones de funcionarios cuestionados y
cuestionables, de incongruencias, de amenazas y tiros al aire, anunciando que
cada ciudad visitada será su sede alterna de gobierno. De la Espriella, hay que
decirlo, no se siente a gusto en Bogotá. Tampoco se siente a gusto gobernando.
No sabe hacerlo, además.
Su gobierno buscará favorecer a los poderosos y reversar ganancias sociales
del último cuatrienio; echará por la borda cualquier posibilidad de paz y
generará fuerzas oscuras que pueden manchar más de sangre este pobre país; desconocerá
derechos adquiridos y perseguirá a minorías; y buscará establecer un solo
relato como la verdadera historia nacional, para lo cual se está preparando con
varias designaciones que tienen ese fin.
La oposición tendrá que ser muy seria. No solo como contraparte a
iniciativas lesivas en el Congreso, sino acudiendo a tribunales y Cortes cuando
se necesite y denunciando todos los atropellos que contra el bienestar general
cometa al nuevo gobierno, no quedándose solo en redes sociales sino utilizando
distintos medios para que sus denuncias tengan amplitud.
También, hay que decirlo, debe recurrir, llamar a la movilización
social, a la protesta, a los paros si es del caso cuando los beneficios
sociales y los programas en pro de trabajadores, campesinos, asalariados y las
personas del común en general se vean amenazados o afectados.
Estos llamados deberán hacerse con juicio. No se trata de impedir que se
gobierne, sí de evitar que se haga para beneficio de las minorías más
favorecidas, como ha sido la costumbre en los gobiernos de derecha y extrema
derecha.
Es la hora de una oposición seria, firme, convocante que evite los
desafueros del presidente entrante que, de seguro, como ha sido en el prólogo,
serán numerosos. Oposición que no debe quedar en los hombros de Petro, Cepeda y los congresistas, sino que debe extenderse no solo a las regiones periféricas, sino a las grandes ciudades para ampliar capacidades.
Maullido: lo único que ha dicho bien ADLE es que la Medellín de Fico
Gutiérrez es como la capital mundial del narcotráfico.

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