Me resulta claro que con
la modificación del Decreto 1075 de 2015, que reglamenta el servicio educativo,
propuesto por la ministra Viviane Morales la idea es privatizar la educación
básica leo más que se pueda. No solo privatizarla sino despojarla de su
laicidad para darle un carácter religioso. La batalla cultural que pretende el
gobierno de Abelardo Dela Espriella para reescribir la historia y que, también,
en el caso del sector educativo encaja en las declaraciones de que hay que
sacar a Marx de las aulas, a las que nunca ha llegado. Peso ese es el mensaje.
La idea es que entidades
privadas e iglesias y centros de fe puedan manejar instituciones públicas,
aunque el manejo de políticas y otras continuaría a manos del Estado.
Dice la ministra que esa
figura ha funcionado y que incluso los resultados en cuanto a calidad educativa
son mejores. Además, que urde la modificación porque hay contratos próximos a
vencer.
Recurre, pese a ser cristiana,
a mentiras. La figura es válida y se ha usado cuando el sector público no
alcanza a satisfacer la demanda y ese no es el caso hoy. Fue muy usada durante los
periodos de Álvaro Uribe Vélez, cuando el faltante de instituciones era muy
notorio e incluso había cierto déficit de educadores por concursos docentes que
se habían ido aplazando.
Los resultados no fueron
los mejores. Si bien hubo prestadores del servicio que sí se destacaron, la
mediocridad reinó, por diferentes factores, falta de planeación y de capacidad curricular
y docente, aparte de la forma como se contrataban los maestros.
Conocí el caso de
egresados de la media de esas instituciones que nunca vieron, por ejemplo,
química, asignatura vital para el ingreso a la universidad.
La propuesta de Morales
pretende entregar una porción del aparato educativo básico a entes privados,
mejor si pertenecen a algún culto, cristiano de preferencia.
La ministra expresó que
esos colegios en concesión, como se les denomina, permitirán a los entes
territoriales apoyarse en entidades con experiencia e idoneidad. El problema es
que son pocas las que tienen experiencia y comprobada capacidad de sacar
adelante a los alumnos de una institución. Es una falacia. Los colegios
públicos y privados de calidad son una minoría, la mayoría es mediocre o de
mala calidad, y eso no es de ahora.
La intención del nuevo decreto
no se centra en unas pocas instituciones. Busca una concesión masiva de
colegios, aunque no está claro con qué estudiantes (el déficit no es sentido)
ni si eso implicaría que plantas oficiales sean cedidas a esos nuevos
prestadores.
No es igual la intervención
de un docente contratado con todas las garantías legales, que la de otro
vinculado solo por 10 meses, mientras dure el año escolar. Es asimismo una
situación problemática, porque se estaría rebajando la calidad de la docencia y
socavando la plantilla magisterial oficial.
De otro lado, la educación
pública debe ser laica, para la fe y los cultos está la familia, aunque no se
puede desconocer que en instituciones oficiales sí hay expresiones religiosas
de sus manejadores, en particular católicas. En nuestra Constitución está
expresado muy claro que este es un Estado laico y eso lo deben seguir y
respetar todas las entidades públicas. Con la propuesta de la cristiana
Morales, se rompería ese mandato.
Va esto de la mano con la
intención expresada en diferentes y recientes oportunidades de abolir la ideología
de género en los salones de clase, ideología que no existe. Lo que se imparte
es educación sexual, que no es del gusto de Morales. Para ella la familia deben
encargarse del tema, así la experiencia demuestre que no es una mayoría la que
lo hace. Así, niñas y niños, estarían más expuestos a abusos sexuales de todo
tipo.
Morles se va sin rodeos.
De entrada, persigue sus metas con toda claridad: disminuir el impacto de la
educación pública, entregar el sistema educativo o una parte de él a los cultos
e iglesias y excluir no solo la educación sexual sino los cuestionamientos
sociales que se hacen, con naturalidad como debe ser, en los salones de clase.
La batalla cultural
comenzó a todo vapor.
Maullido: qué infantil
está resultado el vicepresidente, José Manuel Restrepo.

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